TALES OF THE WOUNDED LAND (2025) de Abbas Fahdel.
Regeneración entre las ruinas. Tales of The Wounded Land.
Tales of The Wounded Land ha resultado ganadora del Premio a la Mejor Dirección en el reciente Festival de Locarno, y su gestación de entre las ruinas tuvo un origen concreto . El cineasta franco-iraquí Abbas Fahdel ha puesto su objetivo siempre en historias pertenecientes a sus orígenes, su entorno familiar más próximo y su tierra. Y precisamente con ese amor al espacio natural que le rodea y por su sencilla y emotiva película Yara, le conocí por las redes sociales. Hace tiempo nos acompañaba de forma entusiasta casi a diario con un libro que había escrito y con imágenes captadas por él de los terrenos que circundan su casa. Fotocomposiciones muy atrayentes y coloristas de atardeceres, sus árboles, frutas, sus gatos, su familia, que denotaban satisfacción por el lugar donde tiene su hogar. Pero hubo un momento en que esa senda se truncó y su perfil se fue tornando más gris y sombrío barruntando que vendrían problemas para el sur del Líbano (donde vive) con el enésimo atropello de Israel a Palestina. Su proximidad geográfica y un pasado de ocupación en los 80 de Israel relacionado con el mismo tema político, que venía de muy lejos históricamente, hacían temer lo peor en 2024.
Fahdel decidió entonces enfocar su perfil en la red a modo de voz en directo y denuncia de la cruel situación de Palestina subiendo textos aclaratorios del origen de esa situación y vídeos en los que se escuchaban a lo lejos los misiles israelitas. Veíamos un “baile” nocturno de luciérnagas mortuorias cada vez más cerca desde su ventanal en el campo. Los estruendos eran más frecuentes y su proximidad más amenazante, muchas veces acompañados de sirenas de ambulancias y gritos de personas. Éramos espectadores lejanos, pero nos dejaban un poso horripilante. Recuerdo especialmente los vídeos que ponía de las grandes vibraciones que asustaban a sus gatos en el jardín y a su pequeña hija, a la que engañaban sobre su origen. Pero hubo un momento en que eran tan continuos, que las explicaciones que mitigaran la cara de miedo de Camille y los temblores constantes en los cristales y cortinas, no se podían disimular.
Cuando ya tenían la guerra casi encima, el director iba poniendo nombre y rostro a los muertos vecinos para que quedara constancia y no se disiparan en el olvido. En realidad, Abbas Fahdel ya estaba construyendo su nueva película, un documental vivido en primera persona sobre un país herido nuevamente en su zona sur. Una ciudad que tuvo que abandonar entre largas y caóticas colas con destinos inciertos para muchos. Fahdel, Nour, su mujer y Camille, como muchos otros, se veían obligados a dejar su hogar sin saber cuándo iban a volver, ni si encontrarían su casa en pie en una vuelta impredecible abierta a la ausencia.
Tales of The Wounded Land continúa a la anterior Tales of the Purple House (2022), retrato lúcido de Líbano, adentrándose esta vez en una zona devastada por la barbarie. El documental presenta una estructura a modo de diario atravesada por poemas en inglés y árabe que enfatizan de forma literaria la ya de por sí dolorosa poética de sus imágenes. La apertura nos introduce un país lacerado que suplica normalidad, dejando clara su capacidad de regeneración.
“La tierra herida susurra: Quiero hierba, quiero lluvia, quiero un cielo sin drones, mañanas sin despedidas y no más oraciones al borde de las tumbas. La tierra habla en polvo, en heridas, pero bajo su costra de ceniza, una semilla obstinada está brotando: una promesa de vida enterrada”.

A continuación, el arco narrativo adopta forma circular abriendo en el reciente 28 de febrero de 2025, para retroceder en el tiempo ofreciendo una explicación a esa procesión de color amarillo que vemos serpentear entre el negro de las ropas de la multitud y que cerrará también la película. Son los 95 ataúdes de los mártires de la guerra que despiden Hezbolá y el pueblo de Aitaroun. Para reflejar el dolor colectivo de esa ceremonia multitudinaria, el director acude a planos aéreos acompañados de viento inquietante mientras se recorre de forma fluida el cortejo fúnebre persiguiendo las sinuosas formas por los caminos acentuando el contraste del negro y amarillo de las banderas entre el gris de los escombros que escoltan de forma callada su recorrido.
Quince meses antes traslada la narración a su casa, a su vida. A la de su familia más próxima que vive el inicio de la ocupación entre hileras altísimas de humo de las detonaciones de la ciudad, los aviones, drones y chillidos mientras corretea Camille por el porche. Fahdel enfatiza el contraste del horror al otro lado con la presencia constante de su hija de ojos vivos y negros que asiste inocentemente a un cambio de rumbo repleto de desasosiego. Lo graba todo, expone lo filmado en su hogar y en pantalla dividida otras grabaciones de una ciudad derrumbada, asolada entre el polvo y el fuego. Su descripción es lo más objetiva posible, sin llegar al sentimentalismo, marcando la distancia justa para provocar rabia contenida, pero sin caer en una afectación excesiva.
Las imágenes que rueda desde su coche poseen una locuacidad aplastante. Somos testigos de largos y pavorosos planos secuencia que recorren edificios derrumbados por completo, coches quemados, ni un alma en las calles. Multitud de personas forzadas a una evacuación tumultuosa que instan por megafonía, mientras un perro no puede levantarse por las heridas y un caballo errabundo y solitario se erige como símbolo de la incertidumbre de una zona desolada y decolorada en gris. El documental está marcado por una gama de colores fantasmales, chamuscados, polvorientos, con olor a humo reciente de detonación. Con el color blanco de la nieve que cae sobre un terreno que va a despertar de su letargo tarde o temprano.

Póster de Tales of The Wounded Land. Abbas Fahdel
La vuelta, tras el 27 de noviembre de 2024 con el alto el fuego, hace despertar la ciudad a la que regresan las familias entre la algarabía. A partir de aquí el tono es esperanzador, destinado a reflejar una población acostumbrada a resurgir de las cenizas y que afronta con entereza la reconstrucción. En realidad, este documental se presenta como una crónica de la regeneración tras el caos, de la capacidad de sacar de donde no lo hay y seguir adelante. Pone el foco en la resistencia en esos vecinos que entrevista la artista y productora Nour Ballouk haciendo de guía por la devastación, por la muerte, siempre acompañada de la niña.
Explicándole con serenidad por qué “está todo roto”, por qué hay hogares abiertos al viento, por qué hay otros que han perdido su memoria. Si algo caracteriza a Tales of The Wounded Land es el optimismo, la esperanza que pende de un hilo entre basura, hogares irreconocibles y arrasados, animales perdidos o el duelo de familiares de los fallecidos a los que llorar siempre.
Abbas Fahdel, uno de los mejores directores contemporáneos, registra la tragedia de primera mano desde una perspectiva adulta y conocedora de la historia, pero también apela a la mirada virgen de generaciones que comienzan su andadura vital representados por su hija, testigo temprano de un dolor que no comprende, pero que, a buen seguro, grabará sus desoladoras imágenes en la memoria. Tanto las demoledoras, como las de los moradores de esas viviendas que apenas se mantienen en pie, pero que se aferran a una resistencia y dignidad sacadas de lo imposible.

Cine contemporáneo.
Estrella Millán Sanjuán
estrellamillansanjuan.es

