Lili, la hermana anarquista lanzando una bomba en un atentado contra el ministro. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

MI SIGLO XX (1989) de Ildikó Enyedi. El cine entre la luz y la anarquía

El cine, los inventos y la emancipación femenina alumbrando la sociedad del s. XX. Mi siglo XX.

Mi siglo XX (Az Én XX. századom) contiene uno de los prólogos más fascinantes del cine, formulado sobre un pilar primordial para su creación: la luz artificial. Invento de finales del s. XIX que abrió las puertas a la modernidad en esa recreación libre y deslumbrante de la directora durante la presentación de Edison en un Parque de New Jersey, donde la oscuridad de la noche entre el silencio de la multitud expectante, da paso al alumbrado de cientos de bombillas colocadas en árboles y en los cascos de una banda de música que celebra el acontecimiento entre la algarabía. Momento orgánico que convierte un hito tecnológico sin parangón en magia para aquellas personas que asistían a un espectáculo entre la comprensión y lo místico, queriendo atrapar incrédulos con sus manos la ciencia y musicalidad de cada bombilla parpadeante.

Los espectadores quedamos atrapados en ese milagro de la modernidad, sintiendo el mismo asombro rendido al encantamiento y el miedo de esos testigos de 1880 ante la vibración y respiración de una luz tímida e imperfecta aún, que provocaría un desarrollo vertiginoso del siguiente siglo que estaba por venir. La luz, tradicional y filosóficamente ligada a lo interior, al conocimiento, lo divino o la bondad, experimentó un cambio de paradigma con los experimentos de Edison; aunque en su primera andadura  no podría desprenderse de la sugestión, el magnetismo y lo alucinado encarnándose en espectáculos que perfeccionaba los habituales de magos y prestidigitadores de la época, permitiendo resaltar formas, provocar sombras, dirigir la mirada u ocultar trucos para evocar la magia en una era ya tecnológica sin marcha atrás.

Presentación de Edison alumbrado bombillas New Jersey. Árboles iluminados. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Espectador en la presentación del alumbrado de Edison en New Jersey 1880. Atrapando con sus manos una bombilla. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Con Mi siglo XX, Ildikó Enyedi firmó una ópera prima fulgurante por la que consiguió el Premio Cámara de Oro al mejor debut en Cannes. Restaurada en 2017 y programada este reciente 28 de marzo en la Cinémathèque française con motivo de su retrospectiva, la película constituye, en el fondo, una despedida romántica del siglo XIX y una bienvenida embelesada y lúcida al siglo XX, el de la ciencia y sus inventos, la tecnología y la industria, que conformarían una estructura social y laboral diferentes. Aquella que asistía a la contracción de las distancias y la expansión de la comunicación, mientras sucumbía al consumo observando con optimismo y superioridad los avances tan rápidos que conllevaba.

También fue el siglo de la consolidación de los cambios ideológicos y el surgimiento de transformaciones sociales de género, despertando movimientos de liberación femenina incipientes, así como marcó la era de las invenciones que competían por las patentes para extenderse a nivel global por los distintos países que fueron testigos de ellas. Pero en esta película la perspectiva adquiere forma de cuento de hadas escoltado por estrellas parlantes que vigilan ese siglo con la certeza de que en realidad se trata de apenas un parpadeo en la creación del mundo.

La directora construye la película sobre este cóctel tan efervescente recreando con su singular visión (nada sujeta a una versión oficial de la historia) el puente entre los dos siglos sin dar fechas concretas, mientras describe poéticamente y con ironía otros acontecimientos que marcaron una época. La corriente alterna del científico Tesla, al que presenta como un mago en la Sorbonne; el lujoso, potente y misterioso Orient Express, los primeros conatos de atentados anarquistas o las reuniones sufragistas. También hay lugar para la experimentación con animales en pro de la ciencia para avanzar en la salud y teorías animalistas que provienen del filósofo Kropotkin, uno de los principales teóricos del anarquismo.

Nikola Tesla en una exhibición en la Sorbonne. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Nikola Tesla en una exhibición en la Sorbonne.

El siglo XX no escenificó sólo un cambio de máquinas, sino una renovación de la mirada, en el que la irrupción de la emancipación femenina se presenta como otro «invento» revolucionario más, para iluminar al mundo a través de la lucha feminista. Y lo hace visualmente casi al inicio con ese espectáculo de Edison en New York entre dos bailarinas, la que brilla de forma hipnótica con muchas bombillas representando a la nueva mujer que ilumina a la oscura a contraluz, en un bello juego acompañado por sonidos eléctricos tenues, pero perceptibles.

La luz abrazó a todas esas pioneras bailarinas como Loïe Fuller, iluminada por la cineasta Gabrielle Sorère en sus números teatrales luminiscentes y abstractos de su danza serpentina, a Annabelle Moore y demás mujeres que siguieron su estela, de la misma manera que lo hizo con el cinematógrafo, invento científico que alcanzó la categoría de arte y que debe tanto su existencia a ella. Mi siglo XX se refugia de forma fundamental en la luz que proyecta éste y su influencia en nuestras vidas, centrándose en su periodo mudo, al que homenajea a través de una fabulosa estética en blanco y negro del director de fotografía Tibor Máthé, que enfatiza el juego de claroscuros, así como con una sala de proyección multipantallas de apariencia contemporánea, en una licencia anacrónica muy bella de la directora.

Bailarina iluminada con bombilla en un espectáculo de Edison en NY. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Bailarina iluminada con bombilla en un espectáculo de Edison en NY. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Sala multipantalla y proyectores cine mudo. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Existe además un constante guiño a numerosas películas mudas en esta historia de dos hermanas gemelas que nacen en Budapest justo la noche en que Edison presenta su espectáculo visual en un parque. El destino y la luz marcarán la vida de estas chicas huérfanas que serán separadas de pequeñas y que, hasta entonces, habían sobrevivido vendiendo cerillas en la calle entre la miseria, nieve y el frío que nos remite a La petite marchande d’allumettes (La cerillera, 1928) de Renoir y a Griffith en Orphans of The Storm (Las dos huérfanas, 1921). Cada una seguirá un camino opuesto, relacionado con la fragmentación de la nueva sociedad que se abría paso en 1900. Lili dirigirá su existencia al cambio de la sociedad mediante su idealismo, compromiso y el anarquismo, siempre bajo una rígida responsabilidad y demanda de los derechos femeninos, mientras que Dóra buscará un hedonismo y vida libertina sin ataduras llena de lujos, en la que ejercerá una total libertad de acción. Distintas direcciones y formas de afrontar la vida en unos años de fuerte arraigo tradicional.

La directora húngara no se propone un juego de opuestos entre la bondad y maldad de los dos modelos de mujer, sino que ofrece una dualidad personalizada en estas hermanas como metáfora de las múltiples caras que podría tener la nueva imagen femenina del s. XX. Lili va a conferencias feministas con una potente bancada únicamente representada por mujeres en una escena de humor sarcástico con el ponente Otto Weininger, filósofo que trata de airarlas con sus teorías misóginas. Dóra se dedica a estafar a un médico rico un collar carísimo engañando a la joyería.

Las hermanas tienen ahora veinte años y no se conocen, pero están a punto de hacerlo en un encuentro en la estación de tren un año nuevo. Lili con una misión de traspaso de información clandestina con palomas mensajeras con destino a Budapest en vagones de tercera para construir una bomba y Dóra embarcada en el Orient Express, aquel tren lujoso para la alta sociedad que desafió las leyes espaciotemporales promoviendo las rutas comerciales y culturales hacia Constantinopla. Sin embargo, el destino esquiva el encuentro fraternal para dispersarse hacia vericuetos narrativos que rompen la linealidad de la historia vertebradora de la película. La llegada del personaje de un científico (Oleg Yankovskiy, habitual del cine de Tarkovski) que se enamora de las dos, creyendo que son la misma persona, será el detonante en un futuro encuentro en el epílogo.

Gemelas vendiendo cerillas. Guiño a Jean Renoir y La cerillera. La petite marchande d'allumettes. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Dóra seductora en el restaurante del Orient Express. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Dóra seductora en el restaurante del Orient Express.

Lili asistiendo a una acto feminista demandando el sufragio universal. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Lili asistiendo a una acto feminista demandando el sufragio universal.

Si las gemelas constituyen el argumento central, la luz también conforma la parte estructural y conceptual de la historia, a la que homenajea en cada elaborada composición de plano, ya sea desde la cerilla que contemplan las gemelas, el enorme humo del tren iluminado por la noche en la estación, el reflejo de un cristal helado, como la niebla en una antigua fábrica y el protagonismo constante, aunque sutil, de distintos tipos de lámparas en interiores. Pero también hay lugar para luz natural del amanecer sobre el rostro de Lili en un albergue atestado o la de la luna que se filtra por las cortinas de un camarote lujoso en un barco en un encuentro sexual libre y fogoso del científico con Dóra.

A Ildikó Enyedi le encantan los episodios ensoñadores, surrealistas y optimistas relacionados con el libro del también zoólogo Kropotkin al que se hace referencia llamado “El apoyo mutuo” donde un perro, que ha permanecido enclaustrado toda su existencia en un laboratorio, se le ofrece ver la vida a través del cine con ejemplos como Now You Tell One (1926) de Charley Bowers –que también vemos al inicio con una persona metida en un cañón– con esos gatos desenfrenados, permitiendo misteriosamente su liberación hacia el campo topándose con el avance imparable de la modernidad en forma de tren que se para ante él en un plano magnífico e improbable entre la compasión y la solidaridad.

Reflejo del cristal helado de la ventana del vagón del Orient Express. Dóra asomada. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Perro liberado del laboratorio de experimentos frente al Orient Express. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Plano lateral del perro liberado frente al Oriente Express. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

El final de la película se va volviendo más surrealista y críptico con el encuentro mágico de las gemelas en una atracción de feria entrando a un laberinto de espejos junto a ese burro bressoniano que aparece de vez en cuando como símbolo de pureza, el sacrificio o lo divino.

Una escena caleidoscópica y engañosa muy bien lograda (con guiños a El circo de Chaplin), donde el científico no sabrá quién es quién rompiendo la idea del “hombre de ciencia” conocedor y contrastador de todo junto a la de esa mujer ideal que deseaba en su dualidad, la cual ofrece la directora con un planteamiento poliédrico y no sometido al único de las convenciones sociales que domesticaron a la mujer.

Y la vida sigue en esos primeros años de constantes invenciones del s. XX con la presentación del telégrafo sin hilos también por un melancólico Edison, que observa una paloma mensajera en su ventana en un contraste entre la finalización de mundo físico, lento y paciente, frente a la inmediatez de la comunicación y lo que conllevaría. Edison no se exhibe como alguien triunfalista, ávido de éxito comercial y paso a la posteridad, sino, en otra licencia filosófica de la directora, una persona reflexiva sobre su responsabilidad ante la puerta a una nueva era de la que tiene la llave y nunca podrá cerrar.

Edison y la paloma mensajera en la presentación del telégrafo sin hilos. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

El científico mirando fascinado a Dóra pensando que es Lili e el barco lujoso. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Lili en la sala de espejos. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Lili y Dóra juntas por fin en la sala de espejos. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Dóra y el científico en las sala de espejos. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Bancada femenina en conferencia sufragista. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

Conferencia "feminista" del filósofo y misógino Otto Weiniger. MI SIGLO XX. Ildikó Enyedi. estrellamillansanjuan.es

 

Enlace relacionado en mi blog. DIRECTORAS.

 

Estrella Millán Sanjuán.

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