LI CHAM (Morí, 2024) de Ana Ts’uyeb. Tierra e independencia para la mujer tsotsil
La oscuridad y renacer de la mujer tsotsil de Chiapas. LI CHAM

Juana en el telar de su casa.
El próximo 22 de mayo se estrena en España Li Cham, con motivo del comienzo de la 34ª Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona (MIFDB), documental de la directora mexicana Ana Ts’uyeb (1997), originaria de la comunidad Naranjatic Alto del municipio de Belahó, en Chiapas. Ópera prima que se presenta dentro de la sección Persistencias fílmicas con pase en la Filmoteca de Catalunya a las 18 horas, integrando ese espacio que se adentra en el espíritu original de la MIFDB para propiciar diálogos entre películas contemporáneas y piezas de recuperación, de forma que sirva de altavoz para el cine femenino de reivindicación, de disidencia y compromiso donde directoras noveles como Ana Ts’uyeb conviven con directoras que desplegaron su lucha feminista en el pasado como Vibeke Løkkeberg , Rita Moreira o Norma Bahía Pontes, entre otras que componen la programación de este Vol.1 (del 21/05 al 1/07).
Li Cham llegó el pasado 7 de mayo a la Cineteca Nacional y a salas comerciales de México después del Premio Ojo a Mejor largometraje documental mexicano en el Festival internacional de cine de Morelia, consolidando así la importante e insólita presencia de cine hecho en Chiapas y la difusión de la cultura indígena no sólo en su país, sino a nivel internacional. Con esta íntima y a la vez universal historia chiapanesca sobre la memoria y la lucha femeninas, se pone el foco en las mujeres tsotsiles, pertenecientes a comunidades indígenas de larga trayectoria histórica prehispánica en los Altos de Chiapas, estado al suroeste de México montañoso y selvático donde se desarrollaron civilizaciones importantes como la Maya. Zona también de dilatado estado de desigualdad social, inestabilidad económica y abusos contra pueblos indígenas y rurales que vieron en 1994 el levantamiento zapatista, muy relacionado con este documental.

Comunidad preparada para la recogida del café.

Faustina con sus hijos enseñándoles a leer.
La directora propone en Li Cham una cosmovisión de la mujer tsotsil, ubicada en su entorno natural representada por la resistencia en brazos de tres generaciones femeninas (Juana, Margarita y Faustina) que han sufrido cada una a su forma una sociedad de marcado acento patriarcal, bajo abusos por condición de género de forma tradicional y normalizada. Nos hallamos ante una demanda urgente sobre la situación de la mujer por diferentes factores que entronca con la del pasado en Chircales (1972) de Marta Domínguez y Jorge Silva situada en Colombia; las películas del Colectivo Cine Mujer de los ’70 de Martha Rodríguez; Señorita extraviada (2001) de Lourdes Portillo; o la más cercana obra de Tatiana Huezo en El eco (2023), El lugar más pequeño (2011) o Tempestad (2016).
Margarita es la madre de Ana Ts’uyeb, Juana su tía y Faustina su cuñada. Cada una con un historial a sus espaldas de asedio por violencia patriarcal, tradiciones que impedían seguir estudiando después del colegio, matrimonio como única salida para una mujer, impedimentos para heredar tierras, jornadas interminables de trabajo doméstico y en el campo, embarazos malogrados y niños deformes por la imposibilidad de guardar reposo. Una sociedad donde la hermana mayor carecía de derechos y de capacidad de elección, ya que estaba destinada al cuidado de los demás, padeciendo siempre el estigma de no ser un varón, el cual sí se respeta y se encuentra con plenos derechos familiares bajo la excusa de la costumbre.
El documental comienza con Juana en un tradicional telar en un plano muy sugerente comentando que ya no se teje como antes, que se ha perdido en esta generación un oficio ancestral al que ella tampoco puede aportar grandes dibujos por la limitación de su vista a causa de la edad. Prólogo que enfatiza la importancia de la sabiduría y peso del pasado ante un presente distinto. Escuchamos la voz en off por decisión de la directora ya que la grabación en un cuarto con el sonidista les aportaba más intimidad y fluían más sus palabras y sentimientos. Las voces se insertan sobre bellas imágenes de la dura vida cotidiana de estas tres mujeres y su comunidad. Encontramos poesía en la recogida de plátanos y maíz, ir en comunidad a por el café para lavarlo y secarlo; limpiar de malas hierbas la milpa de la forma tradicional, triturar maíz hervido para hacer tortillas en el desayuno o limpiar frijoles con los hijos pequeños de Faustina. Todas estas escenas vertebran un trabajo que homenajea la memoria histórica de su pueblo femenino que se hace escuchar en lengua tsotsil como ejercicio identitario y propósito de conservación de su cultura.


Margarita en la cocina.
Observamos labores realizadas de forma ancestral que han transmitido de generación en generación propiciando el contacto íntimo con la naturaleza para poder subsistir día a día y también ganar algo de dinero para el abastecimiento básico. Trabajos que realizan fundamentalmente ellas en una tierra que no les pertenecía y que, con la llegada del zapatismo en 1994 con su comité clandestino (siendo invitadas a formar parte de la organización zapatista con la promesa de abrirse camino y luchar por el futuro de sus hijos en igualdad), vieron cómo proliferaron las escuelas, la alfabetización, los hospitales y demás servicios básicos, pero también se les devolvió lo impedido culturalmente. Tras años de lucha con sus hermanos, Margarita pudo por fin heredar la tierra que se le había negado. Para las mujeres tsotsiles, la tierra significa trabajo, pero también libertad e independencia. Escuchamos: «Con las tierras se acabaron los maltratos».
Aunque las condiciones de la mujer han mejorado en esa comunidad después de años de lucha, hoy en día sigue moliendo, cargando leña, desbrozando, recoge sus productos, se levanta temprano para cocinar, teje, borda, limpia, baña a sus hijos y sigue cocinando a la vuelta del campo para todos. «El hombre regresa de trabajar, se baña y descansa». Queda por hacer, pero el documental desprende esperanza después de la oscuridad que un día se cernió sobre estas tres mujeres y muchas otras que no tenían perspectiva. Murieron de alguna forma. Ya son propietarias de su tierra y su vida. Se refleja su renacimiento simbolizado en bellos planos generales de la naturaleza, en los rayos de luz que se filtran por la cocina de Margarita, en la floración blanca del café o cada nueva cosecha después de su seca. También la vemos en la igualdad de derechos que transmiten entre hijos e hijas que ellas no vivieron, en la enseñanza de conocimientos de la naturaleza a pesar de promover estudios superiores a sus hijos, porque la libertad empieza en la propia tierra.


Juana y su familia limpiando los granos de café.
Más de dos años de rodaje para dar luz a este documental hecho con admiración hacia la mujer tsotsil que ha sabido levantarse de su adversidad con valentía, fortaleza y determinación habiendo sufrido mucho por el camino y dejando vidas que llevaban en su interior como consecuencia de la explotación. Campesinas que han levantado familias madrugando, dejándose la vista bordando, maltratando sus espaldas cargando panochas de maíz, leña o plátanos, secando el café o alimentando familias enormes.
El zapatismo abrió una brecha de conciencia, el mundo puso su mirada en Chiapas y las mujeres indígenas se apropiaron de su voz, para que años después una de ellas pudiera agarrar las riendas de la dirección. Estas mujeres conservan su lengua materna, el tsotsil, pero introducen palabras en español como «derechos, años, maestra o cineasta» que no existían culturalmente o no hay equivalente exacto, lo cual marca una evolución, ya no sólo lingüística, sino como sociedad.
Una película realizada con profundo respeto, nada invasiva en la vida cotidiana de esa comunidad, sino observando el día a día con tranquilidad, siendo testigo del duro trabajo en solitario, en familia. Con dignidad. Con la satisfacción de Margarita de lograr que dos hijas hayan salido de allí para enseñar y dedicarse al cine, pero a las que les sigue abriendo camino aún entre maizales y les enseña a andar haciendo escalones con sus manos por una cuesta embarrada, para que no olviden sus orígenes.




Semblanza de la directora en la web de la película.
Estrella Millán Sanjuán.
estrellamillansanjuan.es

