OS FAROLEIROS (1922) de Maurice Mariaud
La posesión enfermiza frente al mar. Os Faroleiros.
Os Faroleiros fue dirigida por Maurice Mariaud (1875-1958) director, guionista y actor francés que empezó en el cine cuando despuntaban la Pathé y la Gaumont, llegando a codirigir con Louis Feuillade. Contactar con Raul de Caldevilla (escritor y periodista, hijo de españoles) le hizo conducir su carrera un tiempo en Portugal, donde rodó y actuó en varias películas de la Caldevilla Film. Esta película de 1922 fue la primera en el país luso y supuso una de las más ambiciosas y más grandes producciones de nuestro país vecino en la etapa muda. En Portugal fue llamada O faroleiro da Torre do Bugio y desconozco si el gran Jean Grémillon la conocería antes de rodar su película denominada igual unos años más tarde, Les gardiens de phare, donde la pareja de fareros terminaba en una situación terrible, aunque por razones muy diferentes.
Un director que no es tan conocido como sus coetáneos pues, si bien tienen una factura estupenda sus películas, no llegaba al nivel del vanguardismo de Dulac, Epstein, Gance, Perret o L’Herbier, por poner unos ejemplos. Aunque es de justicia reflejar que Os Faroleiros sí posee virtudes visuales y algún elemento impresionista destacable entre el naturalismo de su historia. La Fundación Jérôme Seydoux-Pathé se propuso en 2019 reivindicar su figura dentro de la historia del cine francés organizando un ciclo en diciembre llamado «Redescubriendo a Maurice Mariaud».
Podemos leer en la web:
«Del 11/12/19 al 20/12/19 repasa la carrera de Maurice Mariaud, un director que viajó a través del cine mudo. Tras comenzar su carrera como actor en películas de Louis Feuillade y Léonce Perret, Mariaud se dedicó a la dirección. En 1913, se embarcó en Au pays des lits clos, un drama ambientado en la Bretaña de pescadores y fareros. Esta temática marítima lo acompañaría a lo largo de toda su carrera. En 1919, el propio Mariaud vistió el reconocible uniforme de estibador marsellés (Quand la raison s’en va).
En Portugal, un empresario se interesó por el cine y trajo a cineastas franceses, entre ellos Maurice Mariaud. Allí, realizó tres películas importantes para la historia del cine mudo portugués. Inspirándose libremente en la cultura lusófona, imaginó otro drama marino en escenarios naturales (Os Faroleiros, 1920), rindió homenaje a la obra del pintor portugués José Malhoa (O Fado, 1922) y adaptó el éxito literario de Júlio Dinis (As pupilas do Senhor Reitor, 1924). De regreso a Francia, Maurice Mariaud se reencontró con el hombre que había aterrorizado a todo París: René Navarre, más conocido como Fantômas. El cineasta le encargó el papel cómico de un vagabundo que, por pura casualidad, se enriquece (Mi tío, 1925). En vísperas de la era del cine sonoro, Mariaud se embarcó en una película policiaca (El secreto del cargo, 1929) ambientada entre Marsella y Argel, las dos ciudades de su infancia».


Asociación «O Fado» José Malhoa (1910) y «O Fado» de Maurice Mariaud (1923).
Con la aparición de esta película se ha vuelto a desatar mi pasión por la historias en torno a los faros. No la conocía y cruzarme con ella por casualidad ha sido un feliz hallazgo. Cuánto escrito hay en la historia del cine con epicentro en lo que representa un faro, cuántas posibilidades se abren alrededor de su arquitectura, soledad y espacio interior claustrofóbico e irrespirable. Recuerdo un párrafo de mi publicación de hace casi dos años sobre Los faros en el cine: «Arquitecturas estrechas, sólidas, fijadas fuertemente al suelo para soportar el paso del tiempo y los embates constantes de las olas y el viento. Torres de la perseverancia, del compromiso, de la fortaleza imperturbable. Estructuras desgastadas con un poso romántico, capaz de transmitir múltiples sentimientos que van desde la tranquilidad a la melancolía, de la soledad al desasosiego en noches grises. Un faro no deja indiferente porque está inundado de carga simbólica y su estado solitario conecta enormemente con nuestro yo más insondable».
Os Faroleiros persigue de nuevo en el cine las relaciones insalvables entre personas unidas, en este caso, por lazos del rechazo y la venganza por amor, a las que la estrecha convivencia en el puesto de farero (qué bien suena ‘faroleiro’ en portugués) agudiza la confrontación y el desastre final. Un lugar donde las pasiones se intensifican y donde el equilibrio entre deber, convivencia y pulsión acaba resquebrajándose. En Os Faroleiros está muy presente la relación liminal entre tierra y mar, como también la de la vida y la muerte o la civilización con la naturaleza. El umbral entre conflictos morales se rebasa pronto por la aparición egoísta del deseo a toda costa rompiendo las normas entre los habitantes de esas casas de madera entre la arena. Enfrentados a un mar que se muestra en los momentos de más tensión agitado e imprevisible, anunciando la tragedia.
Buscando el faro por el título alternativo portugués, veo que sí es el que se ve a lo lejos en la película, sin embargo, el plano que sale ascendente de cerca no pertenece a éste, ni le llaman igual, sino faro de Santa María. Desconozco las razones por las cuales no se rodó allí, pero quizá la pequeña isleta donde está situado no permitía contar el final de la historia tal como quería Mariaud, pues en ella hay una persecución por unas grandes rocas que no existen como tales en fotos aéreas reales del faro Torre do Bugio.

Volviendo a la historia de Os Faroleiros, destacar que fue una de las producciones más importantes de su tiempo, la pionera de otras que vendrían importantes, creyéndose perdida durante décadas hasta que se encontró una copia en los noventa. La versión que he podido ver es una restauración de 2021 de la Cinemateca Portuguesa dentro del proyecto FILMAR, estando acompañada por la composición original de Daniel Moreira de 2023, interpretada por el Cuarteto Arditti. La película fue proyectada en 2018 en la Sala M. Félix Ribeiro con motivo del homenaje a Raul de Caldevilla (una de las figuras más importantes de la etapa muda portuguesa) que constó de tres sesiones, entre las que estaba ésta dirigida por Mariaud.
En el documento de la Cinemateca podemos leer: «OS FAROLEIROS é um dos filmes mais ambiciosos a terem sido produzidos em Portugal neste período. Filmado em estúdio e em cenários naturais (Guincho, Cabo da Roca, Caparica) pelo recém-chegado Maurice Mariaud, que realiza e interpreta, OS FAROLEIROS, um drama com três personagens, foi durante muito tempo considerado como uma “obraprima desaparecida”. Não é, mas é um curioso exemplo de melodrama “verista” do cinema mudo português» . (Traduc-LOS GUARDIANES DEL FARO es una de las películas más ambiciosas producidas en Portugal durante este período. Filmada en estudio y en escenarios naturales (Guincho, Cabo da Roca, Caparica) por el debutante Maurice Mariaud, quien dirige y protagoniza, LOS GUARDIANES DEL FARO, un drama con tres personajes, fue considerado durante mucho tiempo una obra maestra perdida. No lo es, pero es un curioso ejemplo de melodrama verista del cine mudo portugués).
No hay que confundirla con otra película silente brasileña de 1920 titulada igual, dirigida por Antônio Leite y Miguel Milano, basada en un libro.
La joven Rosa se queda huérfana al morir su padre pescando en el mar. A partir del anuncio de la triste noticia se produce un triángulo amoroso entre el farero João Vidal (el mismo director), familiar lejano que la acoge en su casa y Antonio Gaspar, un compañero de oficio que ya andaba detrás de ella antes del trágico accidente.

Rosa perseguida por Antonio Gaspar en el acantilado.

El director mantiene el pulso del relato que va in crescendo con la negativa de Rosa ante la insistencia de Antonio que, viéndose rechazado, trama un plan fatal persiguiéndola a un acantilado mientras lleva unas cabras a comer para terminar desapareciendo. La confrontación con João se hace más que evidente por el amor de Rosa cuando son obligados a permanecer en el mismo puesto de fareros en alta mar en una isla. La convivencia se torna insostenible, acrecentando la desconfianza mutua y la rivalidad entre la pareja, encerrada en un habitáculo que no hace sino provocar la tragedia.
Maurice Mariaud posee un sentido estético en interiores excelente, proponiendo composiciones atrayentes entre las que destacan las realizadas enmarcadas por ventanas y a contraluz, remarcando el infortunio que se acerca a Rosa o el paso de su cadáver ante Gaspar, que se esconde en la casa de su madre, avergonzado. Nos narra también de forma naturalista las costumbres de los moradores de esa playa, con sus quehaceres en la pesca, los pequeños huertos entre arena, el uso de ganado, las mujeres lavando en lebrillos en el suelo, las tareas dentro del faro o la comitiva que acompaña a la chica encontrada ahogada en la playa. Escenas que dan fe de su carácter por momentos documental que busca el verismo que citaba la Cinemateca Portuguesa en su texto. En sus sugerentes planos apreciamos las texturas de las humildes cabañas de madera, la pobreza de los pescadores, un molino de viento, la especial organización de las casas en la costa, así como la influencia del mar en sus vidas. Remarcable resulta también los planos de esa embarcaciones tan singulares portuguesas con la proa tan alargada que exhibe en varias ocasiones, típicas del Arte Xávega.

Planos en ventanas a contraluz.

Antonio en ventana. Cadáver de Rosa en profundidad de campo.

Embarcación Arte Xávega. Proa en forma de media luna.
Y si la parte más antropológica resulta interesante, no lo es menos su planteamiento con flashback continuos o los anhelos de los dos protagonistas masculinos recreados excelentemente con sobreimpresiones con pantalla dividida del futuro que se inventa Antonio con una próxima boda con Rosa, o el recuerdo en la mente de João cuando se duele en el faro por su ausencia, recreando de forma sobresaliente el tono espectral de la escena. Y no es menos interesante la parte final de Os Faroleiros con la alternancia de un mar embravecido y la confrontación sin marcha atrás de los dos hombres que goza de un giro final en principio más optimista para tornarse atroz.
La búsqueda de la filmografía de Maurice Mariaud es un tanto insatisfactoria, encontrándose la que nos ocupa, O Fado, también de su etapa portuguesa o la anterior francesa Au pays des lits clos (1913), donde también la ambientación es marinera en torno a pescadores, describiendo además las tradiciones y costumbres de la sociedad de esa década en un tono documental delicioso en algunas escenas del salvamento de un naufragado. También ocurre lo mismo en páginas de archivos siendo infructuoso encontrar documentos de la época relativos a la película, aunque sí se encuentran de la productora Caldevilla Film o del director francés. En la web del Repositori de la Filmoteca de Catalunya se halla la novelización de una película de Mariaud llamada L’aventurier, pero tampoco información de Os Faroleiros. Resulta algo inusual que no esté disponible información en la prensa del momento de una película tan importante para la historia del cine portugués en revistas del momento, hecho que se suma al olvido por desaparición durante décadas antes apuntado.
Se agradece la restauración reciente de la Cinemateca Portuguesa que difunde una obra de excelente factura, una gran producción de la época muy cuidada, ambientada y bien contada de la que pueden estar orgullosos.

Rosa lavando ropa en la playa con Antonio Gaspar. Recuerdo.

Rosa acosada en su casa por Antonio. Reflejo en espejo.

Lucha entre Rosa y Antonio en acantilado.

Molino de viento con João.

Tensión en faro entre Antonio y João.

Sobreimpresiones de anhelos y recuerdos hacia Rosa.

Creación productora Caldevilla Film. Noticia Cine -mundial.

Novelización L’aventurier. Maurice Mariaud y Luis Osmont. Filmoteca de Catalunya.
Estrella Millán Sanjuán.
estrellamillansanjuan.es

