Un tal Karlos 1

UN TAL KARLOS (2026) de Arantxa Aguirre

La intimidad detrás del personaje televisivo. Un tal Karlos

La directora Arantxa Aguirre Carballeira cuenta con una una sólida trayectoria cinematográfica documental a sus espaldas retratando artistas o parte de la obra que le interesa. De Granados a Beethoven con la compañía de baile que da cuerpo a su novena sinfonía; de Nuria Espert a Zurbarán. Hace dos años le tocó al escultor Chillida en la magistral Ciento volando (2024) con motivo de su centenario. Aguirre ha crecido junto a las distintas manifestaciones del arte con las que está profundamente vinculada en su formación personal y el ámbito laboral.

Esta vez le toca a un personaje que no está directamente relacionado con el arte, pero sí a su forma ha gozado desde hace casi cuarenta años de una gran popularidad televisiva que le llevó a crear su propia productora (Bainet) con la que ha producido alguna película desde 1997. Su carácter abierto y facilidad comunicativa también le ha llevado a realizar algún cameo o personaje secundario recordado.

Hablamos del cocinero y empresario Karlos Arguiñano (1948), personaje muy habitual de la pequeña pantalla desde que irrumpió a principios de los 90 con un programa diario de cocina que le hizo tremendamente popular. Aún sigue vinculado a la televisión con otro espacio, además de ser un veterano empresario con unas trescientas personas a su cargo. Y sigue conservando el restaurante con el que se inició hace mucho impulsándolo económicamente con enorme con su fama.

Un tal Karlos ha clausurado la sección Zinemira del reciente Festival de San Sebastián. Se presentó con el apoyo de la directora y la numerosa familia de Arguiñano que también comparte pantalla con él en este documental y que forma parte de Bainet, productora también de esta cinta. De Arguiñano se pasa a Karlos. Del personaje a la persona. Ése fue uno de los principales objetivos de la directora a la hora de abordar el guion y las numerosas situaciones donde vemos desplegarse la personalidad menos conocida del protagonista.

Karlos Arguiñano y María. Cataratas de Iguazú. Un tal Karlos, Arantxa Aguirre. estrellamillansanjuan.es

Uno de los aciertos de Un tal Karlos es la apertura por paraje naturales de Argentina. Resulta chocante. Imaginaba un prólogo con el típico y bello espacio natural vasco para introducir al empresario y cocinero. Desconocía que había trabajado allí cinco años de forma discontinua, alternando con el trabajo en el País Vasco. De allí volvió con una hija adoptiva de dieciocho años hace treinta años, que ahora vuelve a sus orígenes.

«Mi padre siempre está rodeado de personas» cuenta uno de sus hijos, pero en el pueblo de Corpus, entre las ruinas jesuítas de San Ignacio o las cataratas de Iguazú está solo con su hija María y ese hecho obliga a una mayor intimidad. En este primer capítulo el documental funciona como una ‘road movie’ por esas carreteras de color arcilloso rodeadas de lo selvático en la frontera con Brasil y Paraguay.

El cocinero está en su salsa, siempre en movimiento toda su vida y le va ese tono itinerante del prólogo. Da igual que esté por las lagunas, que esté rodeado de capibaras o yacarés. Animoso, cuenta algún episodio de su vida -que sus nietos le recuerden por cosas buenas-, se ríe con un guía con sus conocidos chistes mientras hacen un asado al aire libre o recuerda la dura infancia de María, que iba siempre descalza en su niñez.

A su vuelta a Zarautz vemos a Karlos Arguiñano en su ámbito más estrecho lo mismo friéndose un huevo en el interior de su caserío, como también caminando mucho. Reflexiona sobre los amigos que se han ido, se confiesa como un pésimo estudiante en su niñez, al igual que conversa con buena sintonía delante de un café con los que aún están o da un paseo en barco con otro de su hijos.

Se desprende esa tranquilidad del que está en paz consigo mismo después de una vida con baches económicos, pero también marcada por el éxito, sin alardear por ello y no pretender otra cosa que disfrutar de la vida. El cocinero habla con uno de sus antiguos formadores en el colegio religioso y con otro grupo de amigos. También con su numerosa familia en una gran comida, pero mide sus palabras. Modera sus opiniones esquivando lo comprometido, aunque sí se le ve natural.

Karlos Arguiñano y Luisi Ameztoy comiendo juntos en casa. Un tal Karlos, Arantxa Aguirre. estrellamillansanjuan.es

Se caracteriza por ser una gran comunicador, por poseer una gran verborrea, pero en Un tal Karlos, muchas veces es su entorno quien le define. Arantxa Aguirre da voz a las mujeres que le rodean, sus hermanas, mediante las fotos antiguas familiares, descritas con esa cadencia relajada que han heredado de la madre. La mujer de Karlos Arguiñano, Luisi Ameztoy, es muy discreta, pero sabe que ha representado un pilar fundamental para su marido, en cuanto a la crianza de los seis hijos y laboralmente. «Le debo mucho a mi mujer», comenta entre otros muchos halagos, Arguiñano.

Una de las cualidades de la directora es permanecer invisible en este tipo de documentales. Dirige sabiendo muy bien qué pretende conduciendo sabiamente con la espontaneidad de sus entrevistados, o mediante la aparición de otras personas (el nieto de Luisi) que entrevistan en algún momento, como en Ciento volando o Dancing Beethoven.

Hay invitados que irrumpen con fuerza como Karra Elejalde que le define muy bien en una escena muy fresca y renovadora, como también lo hace desdramatizando y con algo de sarcasmo uno de sus hijos (Joseba) delante de las fotos de la boda de sus padres. El documental además incluye el proceso de rodaje añadiendo escenas en que se incluye la participación de uno de los  operadores, Txarli, de los pocos que no se dedica al mundo de la gastronomía. Sin duda, un aporte metafílmico que subraya la estrecha conexión de parte del equipo técnico con el homenajeado.

Un tal Karlos presenta un ritmo algo irregular, pero cuenta con la delicadeza, poesía y el cuidado formal que caracteriza a la obra de Arantxa Aguirre. Cuidado en lo visual, en la música pausada elegida y el entorno filmado. Una estética muy próxima a lo analógico, conseguida con un tipo de cámara digital provista de un sensor de 35 mm, aporta una textura muy especial. Asimismo, la lente que favorece lo panorámico se convierte en uno de los puntos fuertes de la película por la cantidad de paisajes que enriquecen el documental.

La dirección fotográfica de Rafael Reparaz sigue siendo clave en la plasticidad de la obra de la directora, haciéndose visible en sus planos generales y panorámicas, de las que destaco la última del caserío hacia las montañas, el cantábrico, transicionando gradualmente con tonalidades oníricas fabulosas a la animación de la memoria de la niñez de Arguiñano.

Un final dilatado, seguido del protagonista caminando, siempre activo, alegre. Tal como le describe este trabajo y las personas que rodean a la persona de forma nada afectada, con sentido del humor; esquivando episodios del pasado más difíciles abrazados por el sello poético y delicado de Arantxa Aguirre Carballeira.

Cartel Zinemira. Un tal Karlos, Arantxa Aguirre. estrellamillansanjuan.es

 

Estrella Millán Sanjuán.

estrellamillansanjuan.es

 

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