EL MILAGRO (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

La felicidad del futuro. EL MILAGRO (2026) de David Varela

Sobre los hechos soñados. EL MILAGRO

¿De dónde viene el milagro en esta película? ¿De la inviabilidad de un enorme proyecto que se materializa felizmente en otro? ¿De los cambios vitales inesperados que se fusionan con el mismo cine que se está construyendo? ¿La vida que se abre paso desde un deseo hecho imagen en una pareja que vio tambalearse su presente y futuro? Varios factores confluyen en esta película íntima y familiar de largo recorrido que ha podido ver la luz con dificultad en una época precaria para productos independientes, cuya difusión está ya predestinada a espacios cinéfilos como festivales y escasa esperanza de estreno en salas comerciales.

Pero la palabra milagro adopta también un concepto menos espiritual para erigirse como resultado de una carrera de fondo que necesitó un ‘crowdfunding’ destinado a afrontar los gastos de postproducción, apoyado por muchísima gente entre la que me encuentro.

El proceso de construcción de la película se hizo de forma intermitente durante 14 años con grabaciones, ideas a medio dibujar que iban haciéndose cada vez más sólidas, junto a deseos sobre su finalización no exenta de obstáculos que el director iba sorteando y explicando en redes sociales. Los que le seguimos asistimos en directo a un cierre de proyecto que iba cristalizando poco a poco con el apoyo de su entorno y el trabajo técnico de otros compañeros para dar forma a un documental totalmente autónomo, que brotaba de la ilusión en una industria muy complicada en nuestro país para este tipo de iniciativas.

El milagro se estrena por fin el 30 de mayo a las 20.30 en Cineteca Madrid con motivo de su inclusión en DocumentaMadrid (del 26 al 31) en su sección oficial, culminando felizmente un dilatado periplo. Nos encontramos ante una historia emocional con intensas pinceladas íntimas y autorreferenciales, pero que también bebe de la ficción para dar forma «a un melodrama autobiográfico basado en hechos soñados».

Lola Martínez Rojo en la cama en la India. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

Si en su anterior documental, Un cielo impasible, David Varela abordaba la memoria histórica uniendo pasado y presente mediante la investigación por una generación joven de una de las batallas más cruentas de la Guerra civil española, en ésta se adentra en una mirada introspectiva a través de sus reflexiones y recuerdos, adoptando, sin embargo, una dimensión universal por su cercanía, en un presente de su tiempo proyectado hacia un futuro que empujaba desde su incertidumbre.

La inclusión clave del diario de viaje de Lola Martínez Rojo (guionista junto a David de la película), que en un principio no formaba parte del documental, aportó la luz y timón necesarios para dirigirlo hacia el lugar que necesitaba la pareja, que enfocó esa nueva visita a la India desde el punto de vista de un matrimonio recién casado que convive veinticuatro horas, aceptando lo que acerca y aleja, lo salvable e insalvable.

El milagro se empieza a gestar de forma imperceptible e inesperada para ellos en un viaje a oriente para buscar localizaciones y personajes destinados a otra película más ambiciosa que, en pleno proceso, se volvió un gigante inexpugnable. El cine muchas veces es un proceso mutable, abierto, y las ideas pueden virar hacia otro destino, esta vez más cercano a ellos por primera vez.

En El Cairo, Bombay, Benarés, Calcuta o la Isla Sagar, el rodaje se redujo al núcleo de sus vidas, grabando constantemente a Lola y el entorno para alumbrar un primer montaje que se quedó guardado en un cajón muchos años. Esa primera idea resucitó de alguna forma, para redefinirla con la perspectiva de un presente que mira al pasado y los acontecimientos vitales que marcaron ese tiempo.

Volver a ver los planos rodados en esas ciudades y su puesta en escena, reconfiguraron qué ocurrió entre ellos por esas fechas. Pero los diarios reales de ella son los que abrieron la puerta para definir mejor esta película, adquiriendo un protagonismo que desplazó la versión más centrada en la imposibilidad de aquella otra que se quedó en un limbo.

David nos habla de sus dudas mediante frases cortas con su caligrafía filosófica complementando muchos planos (a algunos no le haría falta por su gran expresividad visual). Lola lo hace mediante su interesante voz en off que brota de muchos de esos pensamientos en un lugar a priori vital, en movimiento, a rebosar de estímulos y colores que, paradójicamente, la sumen en estatismo emocional, la pérdida de espiritualidad y desubicación en uno de los lugares más bellos y dolorosos del planeta. Este viaje no representó esa idea occidental de revelación espiritual tan extendida, sino el descubrimiento de los límites en pareja, atrapados y en soledad.

Banares Me. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

BANARES ME (2010). Largometraje documental realizado en el pasado que se proyecta frente al Ganges a su vuelta a la India.

Yo soy otro. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

YO SOY OTRO (2015).

Esos textos escritos hablan de un deseo obsesivo por la maternidad en la mente de Lola. No va a renunciar a ella. Su presente está enquistado sobre esa idea que ya percibe suya y sin marcha atrás. Siente que Benarés tiene algo adictivo, la desgarra, aunque a la larga la depura. «Cada vez que vuelvo, enfermo». Él está cada vez más absorto, ensimismado y enfocado en sus papeles manuscritos con escenas de proyectos profesionales.

Esta autoficción y representación conduce a la materialización de la hija antes de ser concebida, apareciendo de forma «fantasmal» insertada en el montaje, en una cuna en el bosque u ocupando de alguna forma los niños de la India que graba a diario. Ya está aquí mientras la convivencia aprieta y desgasta provocando fisuras.

La historia de El milagro no es lineal, ni mucho menos. La película abre con una escena veraz y deliciosa de la hija con pocos años muy locuaz mientras se levanta para ir al colegio hablando con su padre y siendo consciente ya, tan pequeña, de lo que supone una cámara. La mira, quiere tocarla, agarrarla para apropiarse de una vida que adopta formas visuales que reconfortan inestabilidades y dudas del pasado. Un futuro que es hoy y que tranquiliza a ese tiempo pretérito marcado por la ausencia y la soledad donde decía David: «Me inmoviliza la felicidad del futuro».

Y ahí reside la universalidad de este documental para las personas que decidimos tener hijos. Estamos programados  biológicamente para reproducirnos como especie, sí, pero también somos la única que se hace preguntas sobre tener hijos para decidir si lo hacemos, cuántas veces o preferimos no tener descendencia. ¿Quién no se ha cuestionado lo que preocupó al protagonista un tiempo hasta que dejó de buscar respuestas?

La niña es uno de los ejes principales de este proyecto íntimo que realiza saltos temporales, que basculan desde la casa familiar de Vigo donde resucitan plantas muertas de la temporada anterior, como regresa al enquistamiento sufrido en la India, sus paisajes, su gente agolpada en las calles medio derruidas, para volver a ese futuro con un abuelo que ya no está y que ahora es pasado cuando la niña, más crecidita, coge su cámara para grabar la nieve.

Está presente la generación anterior que nos deja un legado, pero también el que dejaremos nosotros. Porque El milagro habla de la pérdida, de la vida, ésa que «interrumpe» la obra y a la que el cine documental veraz puede dar cobijo.

Lola Martínez frente al espejo en un viaje a la India con su mente en otro espacio. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

Sobras de David Varlea y Lola Martínez. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

David Varela traslada a sus formas visuales el desconcierto, el anhelo, el no encontrarse físicamente en un lugar, sino en otro abstracto mediante sobreimpresiones delante de un espejo. Las minipantallas superpuestas que juegan con más y menos definición abarcan la memoria desdibujada de lo que pasó y no se sabía, así como lo que ahora sí se es capaz de entender nítidamente.

Sombras proyectadas de lo que está por venir en pareja o en soledad. El bullicio, ruidos, belleza decadente y dolorosa de la India, la tranquilidad de esa isla y su mar; el misterio de las imágenes que no se puede atrapar marcan esta historia de desencuentros, construcción, miedos, incertidumbre, paso a la madurez y materialización de la vida que se abre paso.

También la música universal elegida de distintos géneros y países habla del desarraigo y el dolor. Y luego está la eclosión y fusión intemporales del agua donde nacen las certezas y la vida de espacios tan distantes y cercanos a la vez, que iluminan ese respeto y pellizco al decidir vivir de otra forma. Lola Martínez recuerda y se reafirma en la frase «Quien tiene hijos, acepta la vida» de Cesare Pavese, en este sentido, privado y generoso documental.

Esa vida que es capaz de captar el cine, de convertir en milagro lo que estaba casi inerte en un cajón, para redimensionarlo, resignificarlo y, también, servir de legado a la hija para inocularle el «veneno» de captar la esencia de ésta, de seguir contando historias veraces a través de una cámara. El milagro deviene certidumbre ante un mundo que se hace enorme. Representa el encuentro con uno mismo, la certeza de la reparación cuando te creías indestructible, significa desprenderse de la «tiranía» del futuro, sanar brechas filosóficas. Abrir hogares cuando los esenciales se cerraron a nuestras espaldas.

Cartel. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

Lucía Varela en la piscina. El milagro (2026). David Varela. estrellamillansanjuan.es

 

(Si te interesa el cine de David Varela puedes leer esta entrada en mi blog sobre sus cortos y largos documentales anteriores en la India).

 

 

Estrella Millán Sanjuán.

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