LA NOCHE ESTÁ MARCHÁNDOSE YA (2025) de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini
La colectividad entre el declive cultural y audiovisual. La noche está marchándose ya.
La noche está marchándose ya se ha alzado con el Premio ‘Ribera del Duero’ a la mejor Dirección en la SEMINCI de Valladolid tras un mes de triunfos comenzando en el Festival Doclisboa, donde se llevó el Premio a la mejor película, que se une al anterior Premio especial del Jurado en el FIC Valdivia. Los directores ya habían pasado por Valladolid en 2021 donde ganaron la Espiga de plata al mejor cortometraje con Mi última aventura acudiendo este 2025 con su primer largometraje producido por Gong Cine Argentina mayoritariamente, productora que impulsa innovadoras e independientes creaciones en la industria, cuya estética y radicalidad sean su fuerte.
El origen y piedra angular de esta película es el Cineclub Municipal Hugo del Carril en Córdoba, Argentina. Espacio cinéfilo y de intercambio cultural donde se reúne el equipo técnico y artístico de este trabajo de forma permanente, existiendo realmente más allá de ese lugar de aspecto espectral que luce entre fogonazos, sombras y textura de antaño del cine. El edificio va muriéndose en la ficción, termina apagándose entre recortes económicos, culturales y vidas que van otoñándose alrededor de un cineclub.
Paradójicamente, en la actualidad es un referente cultural y efervescente desde hace 25 años con el que se ha formado una comunidad cinéfila, cuyo lugar de encuentro es ese edificio antiguo y singular que reúne a todo tipo de personas con inquietudes y que participan colectivamente, nutriéndose de la programación abundante de forma regular. Inventar una historia pesadillesca y claustrofóbica en esa antigua arquitectura del cineclub les permitía jugar con la realidad, resignificar lo que albergan sus paredes y reconvertir en intérpretes a esa familia que acude a su cineclub habitualmente, en especial con el protagonista, Octavio Bertone, que es el verdadero proyeccionista.

Argentina acusa una crisis política y económica grave desde la llegada de Milei, pero este cineclub constituye un oasis dentro del ‘culturicidio’ que está sufriendo la industria cinematográfica. De ese entusiasmo y el empuje de la financiación privada surge esta historia que exterioriza su cinefilia y amplia formación, pero deja filtrar inevitables brochazos de la precariedad de la situación del cine argentino afectado bajo una política de recortes que sacude su sector cultural.
Y lo hace representando un verdadero acto de resistencia pariendo un producto dotado de un presupuesto mucho más ínfimo que el de las que se ha codeado en Valladolid, pero cargando un poso sólido y de calidad que pone de manifiesto que Argentina saldrá de esto como ha salido de otras fases críticas históricas, según comentan los directores.
La historia de La noche está marchándose ya surge de la invención de Salinas y Sonzini, pero viene marcada por la realidad que rodea a este «pequeño» proyecto representando simbólicamente el progresivo declive del cine argentino al que hacer la maniobra urgente de reanimación, mientras existen producciones que lo sustentan con dignidad y esfuerzo antes de que agonice. La pareja de directores realiza un ejercicio estilístico de altura que se ajusta a un presupuesto menor de forma eficiente.
Uno de sus grandes valores gira en torno a lo visual, cuya elección de un blanco y negro difuso, además de obedecer a razones económicas y la existencia de un equipo de luces pequeño, es el idóneo para casar con las líneas, volúmenes, tonos y composiciones de sus planos. El espesor y textura de su plasticidad recrean considerablemente la atmósfera que requiere el devenir de la narración, cimentado en el constante juego de luces y sombras, espacios muy delimitados entre marcos que complementan el estado mental que arrastra el protagonista, un proyeccionista muy cinéfilo que es obligado por recortes a ser el sereno en las largas noches instalado en el cineclub.

Las noctámbulas horas que pasa entre películas de los treinta, emocionándose, deambulando con la linterna por sus recovecos angostos, sus largos pasillos, bebiendo hastiado o descubriendo pasadizos a un canal urbano, son la «excusa» para demostrar la habilidad en crear formas visuales muy sugerentes que casan con las películas de melodramas clásicos o mudas proyectadas en la quietud nocturna. Como si la recámara del cineclub adoptara la estructura de un gran estudio de esos años.
Los guiños al expresionismo, al noir, al cine francés, japonés o el acercamiento a películas como Goodbye Dragon Inn (2003) de Tsai Ming-Liang, en su decadente estética y exposición de las tripas de un templo del cine que espera la demolición (devenido espacio fantasmal de recuerdos del pasado) hacen de La noche está marchándose ya un documento destacable que traspasa a imagen la idea del fracaso en todos los sentidos y deterioro personal que, si bien acusa algún bajón de tensión en su último tercio, un emotivo e incierto final se encarga de hacerlo remontar.
Pero el tono de la película no es triste, ni trágico. Tampoco se trata de un homenaje lacrimógeno al cine. Al contrario, al igual que en las películas de los treinta de Hollywood, se gestaron muchas comedias después de la crisis del 29 para levantar la moral, esta película encuentra luces entre las tinieblas. El protagonista, Pelu, se convierte en el epicentro de la solidaridad creando vínculos con los desheredados del exterior, cuya situación es aún más precaria que la suya, ofreciendo un refugio no sólo físico, sino una acogida para pasar la noche viendo películas, cantando, bebiendo o jugando como niños.
Creando así una colectividad que palíe de alguna forma la losa de la falta de trabajo, de vivienda, para hallar la dignidad en la casa del cine. Borzage, Renoir o Leo McCarey, entre otros, mitigan su situación, fundiéndose con ellos mientras disfrutan en sus butacas destacadas del privilegio de sesiones especiales para ellos. Y como una película entre películas que es, no le falta la intriga, el encuentro con el amor, el desamor, la fraternidad, la soledad, giros, caídas e incertidumbre.


La noche está marchándose ya se escribió en cuatro semanas, las mismas que su producción. Es una película realizada entre muy pocas personas, un producto que reivindica el sitio de la pequeña producción al margen y conviviendo a la vez con la ferocidad de las grandes producciones en la cinematografía internacional. Demanda la posibilidad de brotar en la industria aun con estrecheces, pero también expresa amargamente qué vendrá después, si habrá continuidad o se quedará en algo puntual. Su introducción a través de los canales de distintos festivales internacionales marcarán su devenir en salas. El tiempo hablará.


Enlace relacionado. Revista La vida útil. (Editor, Ramiro Sonzini).
Enlace relacionado. Serie Gong Cine. Gonzalo García-Pelayo. Felicidad suplente.
Estrella Millán sanjuán
estrellamillansanjuan.es


