LOS CANGREJOS (2025) de Rubén Seca
La memoria de los represaliados sorianos. Los cangrejos. SEMINCI 2025. Valladolid.
Los cangrejos se ha estrenado en la 70ª edición de la SEMINCI dentro de la Sección Castilla y León, espacio dedicado a la producción que haya sido rodada o producida en la comunidad. Se trata del primer largometraje de Rubén Seca, diplomado en la ECIB y operador en la reciente Historias del buen valle (ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián) de José Luis Guerin, mentor de este trabajo como se refleja en sus créditos finales. Su trayectoria cinematográfica se ha centrado más en el cortometraje por la que ha ganado numerosos premios, entre ellos el prestigioso Notodofilmfest en 2018 por Esculpiendo en la memoria y el Premio RTVE Cámara abierta por Reminiscència (2020).
Este último trabajo puede leerse como una sinalefa dentro de la métrica de los versos de esos cortos premiados y dedicados a la memoria familiar, un tema recurrente al que acuden muchos realizadores de nueva hornada en España. La desaparición de su abuela en Esculpiendo la memoria y la de su abuelo en Reminiscència hallan su engranaje y fusión con el documental Los cangrejos el cual surgió en principio como un proyecto familiar muy íntimo, para ir creciendo en escenarios, documentación y personajes conforme se adentraba más en la historia e iba tirando del hilo.
En Reminiscència vemos la casa de su abuelo materno, José Carol, cuya decoración abigarrada y cargada de recuerdos va sufriendo lentamente un proceso de vaciado y transformación que no sólo deja las marcas de los numerosos cuadros en la pared, sino la huella que no se ve en esos espacios despojados de mobiliario, pero llenos de contenido íntimo familiar. Los cangrejos es una justa continuación de esa trayectoria de homenaje a los suyos, surgiendo cuando Rubén Seca encuentra en un altillo en casa de su fallecido abuelo Donato un cuaderno con las memorias de su bisabuelo Eloy . La impresión dejada por su lectura y la estupefacción por el desconocimiento de la existencia de esas notas de Eloy (narrando sus amargos episodios en la Guerra del Rif, la Guerra Civil y penurias de la posguerra), se convierte en la obsesión de su biznieto. Y así surge este trabajo con poso personal, pero que despierta una cercana confluencia con otras muchas familias que sufrieron algo similar, como la mía, alcanzando también una ramificación nacional sobre la memoria histórica en relación a la Guerra Civil en España. Producido en gran parte por Shoji Films (la productora del director), Piensan las manos y Toned Media, con guion del propio director y Eva Pauné, sale a la luz un producto que se empezó a rodar en 2019 y que tardaría casi cinco años en culminarse.
En nuestro país se ha dedicado una gran parte de la filmografía a este tema inacabable, mil veces abordado, hastiando a unos, sulfurando o suturando heridas a otros. Aunque para muchos significa descubrir lo que no le han contado, ni han estudiado. Para Rubén Seca tiene una connotación especial y por ello quería contarlo a modo de deuda con su bisabuelo que murió en 1991, el año en el que nació él.

Jorge Seca tocando la guitarra en el campo.
Este documental se convierte en la voz de Eloy, en el apoyo visual que necesitan sus frases con letra perfecta y reflexiva. En la de su mujer Crescencia, sus hijos y vecinos de distintos pueblos de Soria a los que el director ubica en los espacios actuales con resonancias aún del pasado, para que las nuevas generaciones no olviden. Seca siente que las heridas sorianas no han llegado a sanar, ya no por el olvido, sino por el desconocimiento del dolor, la pérdida y el terror de sus indefensos y pacíficos habitantes en esos años.
Los cangrejos nace con la necesidad de alumbrar algunos nombres olvidados que se toparon en 1936 con la llegada de los falangistas, para ir poco a poco fusilando a los de ideología republicana o sindicados en la CNT como Eloy. El documental ofrece testimonios y episodios del proceso de investigación con la voz en off del propio director , apoyado en el libro “La represión en Soria durante la Guerra Civil” para reconstruir la historia de esa zona lejana del frente de batalla que no ofreció resistencia. Y se hace las siguientes preguntas: ¿Cómo comprender una represión sin resistencia? ¿Cómo se explica la historia después del silencio?
Vemos en la película escenarios naturales rodados siempre en otoño para hallar ese cromatismo y climatología que necesita la tristeza que rezuma. El joven director plasma en formas visuales sugerentes y pausadas el miedo entre los árboles alineados hacia un punto de fuga que sirven de parapeto para los que huyen de la muerte; el pánico por la detención en una cuneta de la “furgoneta de la muerte” oliendo el final; la represión y el silencio impuesto en unos girasoles secos o la agónica espera en el bosque mientras se escuchan disparos. También halla sentimientos pretéritos en las plazas, las casas, los escondrijos durante años en soledad, las iglesias, palacios que hacen de cárceles o cementerios. La memoria brota si “escuchamos” las sombras aún de esos espacios que un día experimentaron un giro radical viviendo el horror, la persecución, la delación entre conocidos e íntimos, pero también la fraternidad.
“Cuántas veces caminamos por lugares sin saber su historia, un lugar no es sólo un paisaje, sino las sombras que dejaron atrás”

Oímos en el audio: “Cuántas veces caminamos por lugares sin saber su historia, un lugar no es sólo un paisaje, sino las sombras que dejaron atrás”. Rubén Seca se propone resignificar las imágenes del hoy, complementarlas con el sonido tenue de tiros, jadeos corriendo, el viento frío y la guitarra de su padre, Jorge Seca, que pone la banda sonora original al documental y que sirve de hilo conductor, filtrando su melancolía en muchos planos. Resulta una película visualmente muy atractiva, en gran manera por el buen ojo en la localización de la cámara y el despliegue de planos estáticos y lentos que obligan a pensar. También por la utilización del agua en muchas ocasiones en sus formas erráticas por el movimiento, quedando sustentado todo el conjunto por una fotografía de gran calidad. Algunos planos entroncan formalmente con las películas de Ramón Lluís Bande, director que también ahonda en la memoria de los espacios que una vez escucharon la muerte y la devastación, y que aquí encuentran su eco.
El director no apuesta por testimonios orales de los descendientes de los fusilados, ni de sus familiares que aún viven allí, o de los hijos de los alcaldes que defendieron a sus vecinos. Se propone dar prioridad a su mirada, a encontrar más allá también de lo invisible, de lo que se encuentra latente en fuera de campo. Recurre además a la superposición de fotografías antiguas y los lugares actuales, provocando un diálogo pasado-presente muy interesante entre las atrocidades del ayer y la normalidad del hoy.
Pero, sobre todo, apuesta por poner su propia voz en la narración, aunque por ello el documental acuse algunos momentos de monotonía debido a su entonación. Decisión reflexionada para hacer más íntima su película, para acercarla más a su familia, a sus antepasados con los que tenía algo pendiente. Por ello, sus primos Victoria y Raúl, sus tíos y su padre están presentes representando de forma callada los espectros familiares en la naturaleza recogiendo carbonilla de las vías del tren, huyendo atemorizados, lavando ropa, haciendo el trayecto para llevar comida a la cárcel, en la incertidumbre del regreso del cautiverio o con la pesca de cangrejos de río que fueron fundamentales para la supervivencia familiar en unos años de calamidades económicas, represalias o el estigma por la ideología. Aunque también se les ve de forma natural y espontánea en las partes del “esqueleto” del rodaje en un guiño metafílmico que agrada y aligera la tensión temática.

Eloy se salvaría tres veces del fusilamiento porque también se halla justicia o solidaridad entre las ruinas. Volvería después de tres años en prisión a un pueblo cambiado, dividido, derrotado. La lectura del libro sobre la represión soriana le lleva al director a recorrer distintas zonas represaliadas y que tampoco ofrecieron oposición alguna. Pueblos repletos de historias que compensar con la memoria, muchas de ellas sepultadas, amordazadas aún. Pero donde resulta más incisivo y directo es en el episodio de exhumación de la fosa común en el cementerio de Las Casas, ayudado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Asociación Recuerdo y Dignidad de Soria. Una escena elocuente casi cenital e impactante por lo que significa, ya no sólo por la restauración del dolor de los familiares y la identificación de esos esqueletos con fracturas y manos atadas, sino por lo que ocurrió con esos fusilados que enterraron sus mismos vecinos obligados por las fuerzas falangistas.
Los cangrejos representa un homenaje a ese apodo que recibió la familia y que lleva con orgullo porque les sostuvo durante la guerra o mientras no había trabajo para los represaliados que sobrevivieron a ella. Una afición que traspasan a las siguientes generaciones con sus reteles como símbolo de resistencia y de recuerdos familiares a perpetuar. Representa también el grito general enmudecido de los que sintieron el miedo tantos años y no hablaron del tema, o del que, como la hermana de Eloy, cambió un nombre libertario como Solidaridad por un revelador Soledad, sin atreverse a volver a él nunca.


Estrella Millán Sanjuán
estrellamillansanjuan.es


