DEPORTE FEMENINO EN EL CINE MUDO. Garçonnes, sufragistas y el cuerpo en movimiento
El deporte femenino y el movimiento en el cine mudo como símbolo de emancipación de la New Woman.
Hablar de emancipación femenina a finales del s. XIX y principios del XX es hablar también de movimiento. Me interesa todo lo que tuvo que ver con el despertar de un nuevo rol femenino, pero mi pretensión con esta publicación es centrar esa emancipación en lo que al cuerpo se refiere y su presencia a través del deporte femenino en el cine mudo y la actividad física. Prefiero dirigirme a la decisión de buscar su protagonismo, a esa plena consciencia de que una nueva era estaba comenzando sin posibilidad de marcha atrás. El movimiento conllevó la ocupación y conquista de espacios nuevos antes vetados. Representó la resistencia a permanecer en sitios recluidos y domésticos, así como la ruptura del papel sumiso y sedentario tradicional de la mujer. Ésta pasaría progresivamente de considerarse un sujeto pasivo con inmovilidad social a ir adoptando modos de sujeto activo. Dejó de ser un objeto sólo para contemplar. Actuó.
La liberación femenina conquistó de forma global la literatura, la pintura o la fotografía. Pero sólo el cine captó su movimiento. En la ciudad, en los estadios, en las piscinas. En la montaña y la playa. Hasta en la guerra. Por ello el dinamismo fue un factor clave en la declamación de su lugar en el mundo. El cine mudo fue el primer gran archivo visual de la emancipación física femenina. Ninguna otra manifestación artística conservó con tanta abundancia imágenes de mujeres corriendo, escalando, nadando, boxeando, jugando al tenis, montando en bicicleta o practicando deportes hasta entonces reservados casi exclusivamente a los hombres. Constituyó el lugar idóneo para perpetuarse apoderándose de escenarios inimaginables o defendiéndose del acoso masculino. La mujer adoptó roles insólitos como el de esas heroínas de acción rescatadoras del hombre y otros irreverentes que no paraban hasta hacerse ingobernables con sus travesuras en el mundo de la comedia.

Portada. Mujer: revista del mundo y de la moda 1925. Biblioteca virtual de prensa histórica. Chica burguesa y moderna jugando al golf.
Moverse, introducirse en ámbitos que habían sido tradicionalmente masculinos conllevó además vestir su cuerpo con menos ataduras, desprenderse del corsé y vestidos incómodos. Liberar el cuerpo de imposiciones de la moda para el ocio, el deporte y el disfrute de la naturaleza trajo también la independencia. Un cuerpo que no sólo se incorporó a la práctica física, sino a la toma de las calles para la reivindicación social y sufragista en multitudinarias manifestaciones que fueron registradas en noticiarios; que se desplazaba simbólicamente hacia metas impensables cambiando su autoimagen y la de su reflejo ante una sociedad que asistía a la primera ola feminista. Estaban asistiendo a aquella primera avanzadilla compuesta por mujeres pensantes y de acción que hicieron añicos la fragilidad atribuida al “sexo débil”.
La aparición del suffrajitsu como respuesta al abuso sobre la mujer activista
La mujer sufragista sufriría dos tipos de maltrato en su cuerpo derivados de su activismo: Los daños de las huelgas de hambre como protesta cuando eran detenidas y alimentadas con sondas a la fuerza en las cárceles, tal como refleja Urban Gad en Die Suffragette (1913) con la estrella del momento Asta Nielsen. Se trataba de un corto basado en las famosas sufragistas Emmeline Pankhurst y su hija Christabel, cuyo lema era precisamente: “acciones, no palabras”.
El segundo abuso en esos años provino de la policía en las manifestaciones, que cada día se volvió más violenta conforme aumentaba la intensidad de las protestas de las mujeres británicas. De ahí que surgiera lo que se denominó el suffrajitsu, término que provenía de la unión de las técnicas de autodefensa del jiu-jitsu (arte marcial llegado de Japón y utilizado para la protección de las mujeres ante violencia callejera o doméstica) y sufragista, para denominar al conjunto de defensas que aprendieron para contrarrestar la violencia policial. Aquel Viernes negro de noviembre de 1910 será recordado tristemente por el feroz ataque de la policía y parte del público a unas trescientas sufragistas que sufrieron heridas graves, muriendo dos y arrestando a más de cien. Además, muchas de ellas sufrirían agresiones sexuales por parte de los espectadores. Difícil momento para las conquistas de sus derechos. La British Pathé documentaría todas estas manifestaciones y conquistas resumidos en el documental Emancipation of Women (1890-1930), que recoge la evolución de la mujer durante 40 años en Reino Unido.
Sobre este tema de las protestas ante el acoso masculino tan normalizado existe un corto de 1907 en clave de comedia llamado The Lady Athlete, que refleja esas técnicas contra unos asaltantes que los dejan aturdidos y asombrados. El cine siempre estuvo ligado a cualquier acontecimiento sociopolítico para inmortalizarlo y también se hizo eco de esas continuas molestias a mujeres, aunque en forma de comedia en A Seaside Girl (1907) de Lewim Fitzhamon. En él vemos a una chica que lee apaciblemente en la playa cuando es molestada por dos hombres que la persiguen sin cesar. Ella opta no por defenderse, sino por huir trepando, en bicicleta, corriendo o nadando como reflejo de mujer activa, con el movimiento como evitación del conflicto.

La activista y artista marcial británica Edith Garrud en una demostración con su marido disfrazado de policía. Suffrajitsu.

Manifestación sufragista Londres. 1911. En el cartel la señorita Pankhurst. Documental Time to Remember. British Pathé.

Manifestación sufragista Londres. 1916, liderada por la señorita Pankhurst. British Pathé.
El contexto sociocultural que originó la New Woman
Yendo a la matriz de este estudio, considero de especial relevancia el deporte femenino como consecuencia de esta nueva actitud femenina. Con esta publicación, además de centrarme en él –exponiendo gran cantidad de documentos visuales en torno a la aparición del cinematógrafo y años posteriores o los inventos anteriores–, se desarrollará el contexto socio-cultural que originó grandes cambios en la estructura de la sociedad, en concreto en el rol que empezó a reescribir la mujer en la historia como agente narrativo
A finales del s. XIX se produjeron cambios tecnológicos, sociales, económicos, de comunicación y científicos que, unidos a la industrialización, se tradujeron en mejoras de la sociedad (al menos en países desarrollados), aunque no tanto para la situación de la mujer. Si hablamos de países anglosajones bajo una educación victoriana, surgieron los primeros movimientos femeninos reivindicativos que dieron lugar a lo que se denominó la New Woman, auspiciados por un grupo de escritoras, feministas y pensadoras del fin de s. XIX (fin de siècle) que exportaron a muchos países una insólita imagen de la feminidad. Este nuevo tipo de mujer adoptó un modelo rupturista con la tradición y las convenciones, aunque costara muchísimo romper la inercia de tantos siglos.
La mujer empezó a salir del ámbito doméstico para ocupar esas fábricas surgidas de la transformación con la industrialización y como consecuencia de la ausencia de los hombres para ir al frente en la I GM; como también lo hizo progresivamente en otros sectores más intelectuales, decisorios y liberales. A su vuelta, no quisieron volver a encerrarse. Habían ganado su espacio laboral fuera de casa. Las primeras reivindicaciones feministas se dirigieron a la igualdad respecto a la ley, a la incorporación a la educación, la Universidad, al trabajo o la importancia del derecho al voto, que derivó en importantes movimientos sufragistas.

El eco de la moda. Revista española. Mujer burguesa en bicicleta con ropa ajustada, corpiño y falda larga. Biblioteca virtual de prensa histórica

Autorretrato en el Bugatti verde (1929). Tamara de Lempicka. Símbolo de mujer moderna y liberal, la New Women. Mirada desafiante conduciendo un automóvil con independencia.

Mujer con medias blancas, por Suzanne Valadon (1924). Ruptura de estereotipos de la época. Mujer real, nada idealizada y con actitud transgresora.

Foto de la serie Erotique voilée (1933). Man Ray. Surrealismo. La modelo Meret Oppenheim. Combina la vulnerabilidad humana (y la sensualidad de la mujer en este caso) con el peso industrial. Reflejo de la feminidad, trabajo y la era de la maquinaria moderna.
El deporte vino después, pero empujando fuerte. Ese movimiento tomado como el vehículo que consolidó las luchas feministas. A esa ruptura se sumó la forma en que se relacionó con su cuerpo, de forma bien distinta a las duras labores del campo o las fábricas, sino llevándolas a la ocupación del tiempo de ocio del que podían disfrutar ciertas clases sociales. Esta revolución cultural y de derechos empezó en las élites ilustradas por su formación y mayor disfrute de tiempo libre. Si hablamos de la mujer burguesa o más urbana, los cambios empezaron por un corte de pelo más masculinizado –lo que dio lugar a las llamadas garçonnes, de aire andrógino– y con una determinante evolución en la indumentaria a la que la moda y las revistas de su tiempo no fueron ajenas. Las mujeres de la alta sociedad que comenzaron a ir a balnearios, a hacer excursionismo, equitación o jugar al tenis, al principio lo hacían en el s. XIX con una vestimenta victoriana, pero poco a poco se rebelaron con ropas más cortas y holgadas que facilitaran los movimientos más impetuosos cuando se sumaron a la competición.
Respecto a las ropas victorianas para practicar deporte, resulta imprescindible hablar de Madame fait du sport (1909), un corto que aglutina de forma excepcional todo este concepto de la nueva mujer, la independencia y la incorporación al deporte y actividad física como vehículo transformador. Nos encontramos ante un trabajo con sentido del humor, exagerado, pero muy incisivo en el retrato de una mujer burguesa que se pasa el día haciendo ejercicio de todo tipo de forma compulsiva, al que su sirviente no puede seguir el ritmo. Hace pesas, monta a caballo, escala, senderismo, nada y un largo etcétera mientras ejerce su emancipación de forma contundente. Y lo realiza con ropa poco adecuada aún, incluso con corsés y zapatos de tacón.
La mujer obrera comenzaría a sumarse más tarde al feminismo, sufriendo doble desigualdad: la de género y la económica. La forma en que se relacionó con el deporte también fue distinta, a través de las competiciones de fútbol que organizaban las fábricas para promover la salud y la productividad –y que veremos más adelante–. Más tarde surgiría el deporte obrero en contraposición al burgués. Pero no nos salgamos de este guion.

Corte Bob para la garçonne en la figura de la actriz Louise Brooks. Una artista adelantada a su tiempo y transgresora. Ropa andrógina.

La directora de cine vanguardista Germaine Dulac en una pose poco habitual y rompedora con su cigarro, vestimenta y peinado a lo garçonne.

Madame fait du sport (1908). Pathé. Ejemplo de la nueva mujer independiente, deportista, activa y decidida.
La bicicleta como símbolo de emancipación femenina
Si hablamos antes de la importancia de la ocupación de espacios que no eran habituales históricamente para la mujer, ahí tuvo un protagonismo especial la bicicleta. A finales del s. XIX, la escasa actividad física aconsejada a la mujer tenía una visión higienista y recaía en la eugenesia y la salud para su procreación. Iba siendo habitual en algunos sectores ver mujeres haciendo ejercicio por disfrute. Pero la bicicleta dio un paso más y provocó una independencia inusitada en un momento donde había escasas mujeres que condujeran los primeros automóviles o que no fueran acompañadas por sus esposos. Películas como Le ménage Dranem (1913) de Ferdinand Zecca, atestiguaban esa relación bicicleta-mujer como símbolo del feminismo y la ocupación de espacios masculinos.
Esta herramienta les procuró libertad, autonomía, hasta representó una conducta transgresora de las normas, concentrándose su símbolo con la frase que se le atribuye a la feminista y sufragista Susan B. Anthony: “La bicicleta hizo más por la emancipación de la mujer que otra cosa en el mundo”. En relación a este hito, la profesora Milagros García Bonafé, en su artículo “El siglo XX. La revolución deportiva de las mujeres” escribe: “La revolución deportiva de las mujeres, a pesar de las numerosas opiniones en contra, encontraron en la bicicleta un elemento de libertad que les permitió vivir a la velocidad de los momentos; no es de extrañar que la presidenta del Congreso Feminista de 1896, levantara su copa para brindar por la igualitaria y niveladora bicicleta, que estaba a punto de liberar a su sexo”.
Ir a dos ruedas conllevó un cambio también de ropa por pantalones bombachos (bloomers) o faldas de dos piezas, hecho que revolucionó a la sociedad que los satirizó y se escandalizó a partes iguales, temiendo a esa mujer activa y valiente. La mujer se abría camino, se desplazaba con determinación y era muy visible, aunque a muchos molestara. Son conocidas muchas mujeres que empezaron a competir en ciclismo como Tillie Anderson y a extender la imagen renovada que rompió moldes para siempre. Ésta se sumó al montañismo, al alpinismo, disciplinas que vieron su auge a la vez que la literatura sobre exploradores de lugares hasta entonces nunca visitados. Ya los mismos Lumière, con sus operadores repartidos por el mundo, filmaron a las primeras mujeres alpinistas por el paso del Mont Blanc ataviadas con vestidos largos y tacones en 1897.

La protagonista de Le ménage Dranem (1908, Ferdinand Zecca). Un cortometraje de humor donde se invierten los roles de género, quedando el marido en casa con las tareas domésticas y ella se marcha en bicicleta a un bar a beber cerveza y con sus amigas a jugar al billar y fumar.

Aquí, la protagonista de Le ménage Dranem está satisfecha de su rol, la independencia que le aporta su bicicleta y poder ir sola a beber cerveza y fumar.

Mujer ciclista vestida con los pantalones bombachos (bloomers) y botas en vez de tacones que le proporcionaron comodidad y menor peligrosidad. Muy criticados por romper las normas.

La campeona Tillie Anderson en 1896. Véase la ropa varonil ajustada en vez de los bloomers para poder competir mejor. Ostentó récords de velocidad y resistencia, considerada la mejor del mundo. Se retiró por la prohibición del ciclismo para la mujer en 1902.
La New Woman en la literatura, pintura, fotografía y el cinematógrafo
Si la literatura cambió respecto al tratamiento de los personajes femeninos, conduciéndolos hacia el heroísmo, la búsqueda de la autonomía, la soledad, cuestionándose el matrimonio o la maternidad, la pintura también fue testigo de esa New Woman que rompió moldes y también la mujer que se manifestaba a través del movimiento. Tamara de Lempika, Suzanne Valadon, entre otras representaron en su obra un tipo de mujer provista de una notoria modernidad, poderosa y libre. El mexicano Ángel Zárraga representaría a la deportista y competidora impactando con modelos femeninos totalmente provocadores para esos años, así como Ramón Casas dibujaría a una mujer bohemia, aburrida o melancólica y también activa con la bici como símbolo. Maruja Mallo, referente de Las Sinsombrero, ofrecería un modelo transgresor de mujer atlética y con formas, como también atrevida sobre la bicicleta.
Y en Rusia, el pintor Aleksandr Deineka, destacada figura del realismo socialista, dedicó una parte de su obra interpretar también el movimiento con atletas en carreras urbanas, futbolistas o mujeres en bicicleta desplazándose para ir a trabajar.

Saint Moritz (1929). Tamara de Lempicka.

Portada Pel & PLoma con mujer reparando una bicicleta, demostrando su capacidad resolutiva y una transformación social. A la dcha. El descanso de los ciclistas (1896) y Entre dos luces (1894). El pintor modernista catalán retrato a la mujer deportista, en situaciones de intimidad, naturalidad, independencia o hastío.

Ciclista (1927). Maruja Mallo. La pintora surrealista española retrató mujeres y hombres de complexión atlética, libres, autónomas y trabajadoras. Vinculada a la Generación del 27 y Las sinsombrero, destacó por su lucha por la igualdad, la formación intelectual igualitaria y la independencia.

Obras de Aleksandr Deineka donde retrata a mujeres dedicadas al deporte o la actividad física en bicicleta. Figura destacada del realismo soviético, cartelista y escultor.
La fotografía tampoco sería ajena a esa transformación del rol femenino hacia lo dinámico, con ejemplos como artista ruso Aleksandr Ródchenko, el cual fotografió a mujeres haciendo actividades gimnásticas en composiciones poderosas. De EEUU existe un autorretrato de la activista Frances Benjamin Johnston, cuya fuerza visual resulta todo un alegato de transgresión de la New Woman que había eclosionado a principios del s. XX.
Aunque constituyan hallazgos verdaderamente interesantes, ninguna de estas artes podía registrar aquello que sí conservó el cinematógrafo: el movimiento. Los siguientes ejemplos femeninos que expongo sí fueron registrados por el cinematógrafo e incluso por los inventos que lo prefiguraron en facetas activas a pesar de la pérdida sufrida por tanto material del cine mudo.
Resultan especialmente significativas las aportaciones del fotógrafo e inventor Eadweard Muybridge que, con sus estudios de cronofotografía acerca de la locomoción de animales, hombres y mujeres demuestra que fue mucho más que el que detectó todas las fases del galope del caballo. Entre sus archivos alredeor de 1880 se encuentran verdaderas joyas de unos cuantos segundos de mujeres desnudas saltando, su marcha, besándose, agachándose, lanzando, abrazando o pasando unas vallas. Documentos que reflejaban una mujer distinta, dinámica y más pura, seguramente modelos de pintura que no tenían prejuicios para salir naturales, como los de otros de estos pioneros de la cronofotografía, Albert Londe, que reflejó las distintas fases de una equilibrista sobre una cuerda que se puede encontrar en la página de la Cinémathèque française y Étienne-Jules Marey que captó a una niña saltando a la cuerda.
Estos experimentos científicos no pretendían crear heroínas, pero inauguraron una nueva forma de mirar el cuerpo femenino en movimiento. El cinematógrafo heredó esa capacidad y la trasladó del laboratorio a la vida cotidiana, al deporte y a la ficción.

Mujeres deportistas en los desfiles años 20 como prueba del éxito de la fizkultura y del régimen soviético. Una poderosa demostración de la fuerza y la invencibilidad del pueblo soviético.

Fotografía de Aleksandr Ródchenko, perteneciente al constructivismo, el cual fotografió a mujeres haciendo actividades gimnásticas en composiciones poderosas, con ángulos vistosos cambiando las perspectivas para elevar la mujer fuerte y activa en acontecimientos deportivos que explotaban un cuerpo colectivo soviético a modo de propaganda.

Autorretrato de la activista Frances Benjamin Johnston, cuya fuerza visual resulta todo un alegato de transgresión de la New Woman que había eclosionado a principios del s. XX. Con una mano sujeta un cigarro, con la otra una cerveza, estando sentada con una postura nada decorosa y desafiante. Está quieta aparentemente, pero su desafiante actitud nos habla de una de un arrojo poco común y declaración de intenciones.
MUJER EN MOVIMIENTO Y CRONOFOTOGRAFÍA

Cronofotografías variadas de Eadweard Muybridge de mujeres pertenecientes a sus estudios del movimiento con objetivo científico. Marcha por piedras, caída y recepción, salto a una pierna, saltos por piedras, salto de banco y lanzamiento de objeto.

Descomposición del movimiento de salto de una valla por una mujer desnuda en estudios del movimiento de Eadweard Muybridge.

Descomposición del movimiento de salto de un banco por una mujer vestida de forma victoriana en estudios del movimiento de Eadweard Muybridge.

Cronofotografía realizada por Albert Londe de una equilibrista con sombrilla. Estudios médicos. 1882.
El cine y la pioneras del deporte
Si nos detenemos en el movimiento de las pioneras del deporte que se erigieron como modelos iconoclastas de su tiempo, destacaría las que conquistaron el espacio antes imposible para la mujer como las escaladoras Gertrude Bell y Lucy Walker, la aviadora Amelia Earhart o la exploradora y deportista olímpica Ella Maillart. Entre las que utilizaron su cuerpo como un desafío se encontrarían la trapecista y culturista estadounidense Laverie Vallée que transformó su cuerpo hacia cotas masculinizadas o la nadadora y escritora australiana Annette Kellerman, que rompería las normas con su traje de baño de una pieza y ceñido. Estas campeonas de natación calarían tanto en esos años de despertar feminista, que la conocida marca de tabaco estadounidense Pan-Handle Scrap, lanzaría como reclamo dos juegos de tarjetas en actitud de zambullida para coleccionistas que venían dentro de las cajetillas, en total unas 100 campeonas, que ahora son poco o nada conocidas lamentablemente.
Si hablamos de campeonas convertidas en iconos, resulta imprescindible acudir a la francesa Suzanne Lenglen y la española Lili Álvarez, de las mejores jugadoras en los 20 y 30 que fueron criticadas y alabadas en su tiempo por su atrevimiento con la ropa diseñada para ellas por modistos muy reputados que pugnaban por vestirlas. El caso de la patinadora campeona y posterior actriz noruega Sonja Henie es otro merecedor de aparecer, ya que deslumbraría con sus números ralentizados en The White Stadium (Das weise Stadion, 1928) de Arnold Fanck, especialista y documentalista en cine de montaña y alpinista, que consiguió rodar el primer largometraje sobre unos JJOO de invierno.
Un fenómeno diferente, aunque igualmente decisivo para la emancipación física femenina, fue el protagonizado por las Munitionettes inglesas. La I Guerra Mundial dejó vacantes miles de puestos de trabajo masculinos que fueron ocupados por mujeres, especialmente en las fábricas de armamento, origen del nombre con el que serían conocidas. Estas chicas fueron apodadas también Canary Girls, por el teñido amarillo de la piel y el pelo debido a los productos tan peligrosos que manejaban y que les acarrearon numerosos problemas de salud. Los noticiarios de British Pathé documentaron este trabajo, aunque lo hicieron desde una perspectiva claramente propagandística, suavizando las duras condiciones laborales y las graves secuelas físicas provocadas por la manipulación de sustancias tóxicas.
A consecuencia de la consolidación de clubes sociales y a jugar al fútbol para mejorar el rendimiento y elevar la moral del país (también ocurrió en EEUU con el fútbol americano), se creó La Munitionettes Cup, conformada por treinta equipos que gozaron de mucho éxito entre el público –donde surgieron grandes estrellas como Bella Raey– destinando la recaudación a obras de caridad por la guerra. Con la vuelta de los hombres, esta competición se extinguió injustamente a pesar de las protestas, considerándose en ese tiempo perjudicial el fútbol para el cuerpo y la moralidad de la mujer, hasta el punto de prohibirlo profesionalmente en 1921, cuando estaba en su mejor momento en el país; alargándose de esa forma la situación unas décadas. Esa decisión conllevaría un retroceso para los logros femeninos de la anterior feliz década donde se habían realizado muchos avances. El cine documentó en muchas ocasiones este insólito fenómeno en sus noticiarios como el del equipo Dick Kerr Ladies, con el corto llamado Playing Adam’s Game, en el que entrenan fuerza, agilidad, equitación y boxeo aparte del fútbol para desarrollar su condición física de forma más integral.

La futbolista estrella Bella Raey de las Blyth Spartan’s Ladies FC, equipo formado por mujeres de la industria armamentística.

Escaladoras principios del s. XX. Véase las ropas nada deportivas.

Amelia Earhart en un noticiario de la British Pathé. Perteneciente al documental Time to Remember. Teenage Flappers 1920s. Profesora y pionera de la aviación, la primera en volar sola por el océano atlántico.

Annette Kellerman. Nadadora y escritora australiana, brilló tanto en el deporte como en el cine, asombrando a la sociedad de su tiempo con un traje de baño pionero de una pieza ceñido en 1907 o saliendo desnuda en A Daughter of the Gods (1916).

Los forzudos Vulcana y su pareja Atlas (arriba izda.). Laverie Vallée arriba a la derecha. Eugen Sandow, el pionero del culturismo que promovió la fuerza en el espectáculo y en la clase social alta que adquirieron sus métodos y material de entrenamiento.

Suzanne Lenglen en un documental de la British Pathé, donde realiza su técnica de tenista-bailarina y analizan con cámara ralentizada y panorámica su juego con motivos didácticos. Véase su ropa holgada y moderna en 1926. Deporte femenino en el cine mudo. estrellamillansanjuan.es

Lilí Álvarez como tenista y ciclista en una foto familiar. En el documental de la British Pathé se preguntan sobre su moderna vestimenta con falda pantalón y si la mujer deportista británica debería utilizarla. Reflejan que «The senorita» prefiere este método para obtener una completa libertad en los saltos y brincos más altos.
Las primeras heroínas del cine. El cine de acción femenino
Desarrolladas algunas de las pioneras deportistas de las que el cine dio testimonio, se hace necesario llegar a un apartado clave de este estudio que ya apunté al inicio y que es el de las heroínas al cine, mujeres a las que dediqué hace tiempo un esoacio en mi blog que se puede consultar en los enlaces que adjunto. La irrupción de este tipo de chicas que no eran deportistas profesionales, pero sí muy habilidosas y valientes, se impuso como uno de los puntales de esa nueva mujer en el cine. Empezaron a surgir casi de forma simultánea multitud de seriales, de los que pondré fotogramas en la segunda parte de este estudio tales como los de la intrépida Helen Holmes (y su doble Helen Gibson) siempre entre hazañas por los trenes, la espía francesa sofisticada Protéa, la valiente Pearl White que hasta montaba en globo, o la Girl Spy del western Gene Gauntier y la reina del serial Ruth Roland, entre otras. Mujeres que revirtieron sus roles alcanzando una enorme popularidad mientras basaban su relevancia también en el movimiento. Saltaban de vagón en vagón, se tiraban de un puente, se deshacían de un malhechor, perseguían a caballo, corrían, nadaban o conducían automóviles a toda pastilla en episodios infinitos.
En Dinamarca también tuvieron a su heroína, Emilie Sannom, un caso verdaderamente prodigioso de mujer activa que tenía una actitud totalmente temeraria, tanto, que le costó la vida, lamentablemente. Era habitual verla haciendo funambulismo, trepando, descendiendo una torre, volar o hacer acrobacias en una avioneta; tirarse en paracaídas formaba parte de sus números o descender por las aspas de un molino. Indescriptible. Todas estas proezas se encuentran reunidas en un corto llamado Filmens Vovehals de 1923 que ella misma exhibía en sus charlas.
Y qué decir de Astrea, la Maciste femenina italiana. La corpulenta que pegaba mamporros a cuatro hombres a la vez en Justitia (1923) mientras un puente levadizo les amenazaba. La que se las manejaba totalmente en solitario para ayudar a los demás. En Francia, la misteriosa Musidora como Irma Vep, que iba por los tejados de Les vampires de Feuillade, atraía al público con su habilidad y con ese atuendo negro moderno y ceñido que ya prefiguró Josette Andriot en Protéa de Victorin Jasset y que influiría a Helena Cortesina, a Ica von Lenkeffy para Souris d’Hôtel y a Francine Bergé en Judex de Georges Franju. Aún en la actualidad su eco se mantiene como en el miniserial Irma Vep (2022) de Olivier Assayas. Un personaje verdaderamente interesante y moderno que anticipó décadas antes a otras heroínas y héroes que marcaron una época en el cine.
Pero no sólo eran heroínas de acción, sino auténticas supervivientes en una industria que no se lo ponía nada fácil. Nell Shipman a su vez montaría su propia productora, escribiría y dirigiría películas incómodas en cuanto a los roles de género, dibujando mujeres que se defendían de violaciones, que se desnudaban, libres en la naturaleza; incluso salvadoras de hombres y conductoras temerarias en western modernos.

Las acrobacias temerarias en el aire de Emilie Sannom en su película Filmens Vovehals (1923), recopilación de los mejores momentos de sus hazañas que se puede encontrar en la página de cine mudo danés Stumfilm.

La doble de Helen Holmes en The Hazards of Helen, una de las maestras del serial, fue Helen Gibson. Después seguiría con la serie sustituyéndola ya que fue el serial más largo de la historia. Aquí la vemos exhibiendo su valentía, fue la primera especialista de acción de la historia. También fue productora.

Musidora (Jeanne Roques) como Irma Vep en Les Vampires de Louis Feuillade (1915). Foto de la Cinémathèque. française.

Astrea en Justitia (1919) de Ferdinand Guillaume. Mujer valerosa de aspecto andrógino llamada la Maciste femenina. Un personaje rompedor y de buen corazón que puede con todos los malhechores.

Nell Shipman en Something New (1920). Escrito y dirigido por ella junto a Bert Van Tuyle. Una mujer dura y valiente en el mundo del western que se enfrenta ella sola a una banda ayudando a su pareja y conduciendo de forma habilidosa por el desierto mexicano.

Actriz valiente subida al mástil de un barco en Les aventures de Galaor (1921) de Mario Restivo.

Actriz valiente desplazándose en tirolina por un cesto y que se desplaza colgada por los cables en Pigen Fra Palls (The Gril from Whitley, 1926) de Eduard Schnedler-Sorensen.

Actriz valiente galopando rápido en The Planter’s Wife (1908) de D.W. Griffith.
La comedia física femenina. La irreverencia como conquista femenina
Y qué decir de la comedia femenina en el cine mudo. Ésta se apoyó en el zeitgeist del momento y, simultáneamente a estas heroínas, aparecieron las cómicas de seriales irreverentes y anárquicos que construyeron papeles femeninos desobedientes que dinamitaron las convenciones y normas sociales de la época en clave cómica. La comedia física y el slapstick femenino (atribuido normalmente al género masculino) encontró en estas figuras una vía de subversión a través del humor y cómo no, del movimiento. Los más famosos, los franceses con la anárquica y potente Léontine (una niña incorregible que deshacía todo a su paso interpretada por una adulta superdotada), la indómita y feminista Rosalie o las chistosas Cunégonde, Caroline, Zoé o Pétronille.
La comedia alcanzó en esos años una popularidad enorme, y se añadirían la británica Tilly con sus locas ocurrencias o la italiana Lea, que trabajó en el circo traduciendo su gran habilidad en sketches desternillantes o las americanas Mabel Normand, Florence Turner, Berta Regustus o Fay Tincher, que adoptó roles insumisos como vaquera incorregible. Imprescindible el visionado de Rowdy Ann (1919) en el que recrea una chica indómita a la que su familia pretende amansar en una escuela clásica para señoritas.
Todos estos personajes femeninos dibujados bajo un prisma activo, utilizando su cuerpo y movimiento para afrontar situaciones de ventaja frente al hombre invirtiendo roles de género, luchando, generando y arreglando problemas, o riéndose de todo y de todos. Desempeños que jamás se habían visto en el cine y que proliferaron encantando a un público entregado y de los que se conserva muy poco eco.
Y así estas mujeres se unieron a ese tipo de mujer disidente y molesta como las Vamps, las Flappers, las Garçonnes, las Sinsombrero en España, las Maschiette en Italia y las Moga (modan garu, modern girl) en Japón que se iban imponiendo y tejiendo una labor de metamorfosis social.

Léontine demostrando su capacidad de movimiento al servicio de la comedia. La vemos saltando, montando a caballo y colgada de una estructura simulando globos que la elevan. La actriz es totalmente desconocida a pesar de los numerosos capítulos y éxito de la serie cómica de la Pathé. Un papel inolvidable que se puede ver en el blu-ray de las Cinema’s First Nasty Women.

La italiana Lea (Lea Giunchi) comenzó como artista de circo, lo cual se nota en la habilidad y coordinación en sus numerosos cortos de slapstick femenino. Aquí en Lea sui pattini (1911).

La británica Tilly saltando de un coche y huyendo corriendo después de liarla en Tilly the Tomboy Visits the Poor (1910) de Lewin Fitzhamon.

Rosalie (Sarah Duhamel) se revuelca, corre, cae por escaleras, rueda por una calle y lucha con su marido en esta batalla de sexos delirante que es Le torchon brûle (1911) de Roméo Bosetti, el especialista en comedia.

Un trío organiza un desaguisado en la ciudad con el viento causado por los ventiladores de sus bicicletas. Sale la actriz de Léontine. Ventilateur breveté (1911). Pathé.

La estupenda actriz estadounidense Fay Tincher en Rowdy Ann (1919) de Al Christie, donde da vida a una vaquera ruda que no tiene miedo a pegarse con hombres en combates de boxeo, a montar a caballo. Sus padres la mandan a una Escuela de señoritas para dulcificar su actitud y formación demostrando lo indómita que es.
En la próxima segunda parte de este estudio del movimiento de la mujer en el cine, manifestado mediante el deporte y la actividad física, encontraremos imágenes femeninas de diferentes países que enfocaron su cine en movimiento contextualizado con la cultura y educación enmarcada en sus regímenes políticos, tales como la Fizkultura soviética con su ejercicio colectivo destinado a la salud y el bienestar social, la gimnasia al aire libre en los países escandinavos (Friluftsliv); la cultura del cuerpo libre en Alemania con su Freiköperkultur o el Turnen (gimnasia coreografiada y al aire libre), destinados a construir un cuerpo-estado de la supremacía aria en películas como El camino de la fuerza y la belleza (1925) o las múltiples del cine de montaña (Bergfilm) para glorificar la naturaleza, así como el valor y el sacrificio de sus protagonistas alemanes.
De Gran Bretaña se encuentran extractos de deportes que desarrollaron en sus escuelas para todo el mundo, incluido el obrero y no sólo para las clases elevadas, tales como el rugby, fútbol, cricket o atletismo. Habrá también referencias a películas en que se verá gimnasia sueca en los países donde se exportó, así como los métodos naturales franceses de Georges Hébert y el movimiento olímpico.
En cuanto al olimpismo destacar que en los primeros JJOO modernos el barón Pierre de Coubertin no era proclive a incluir el deporte femenino por considerarlo antiestético, no habiendo presencia hasta los de 1900 en deportes como tenis, golf, vela o hípica, siendo éstos practicados por la élite de la sociedad y las mujeres. Lo que revela que también esa prohibición escondía un elitismo en el que los deportes practicados por mujeres de rango social más bajo u obrero no tenían cabida. No fue hasta que mujeres como la activista y remera Alice Milliat luchó contra el COI por la inclusión de más deportes femeninos, incluso creando sus propios juegos, que la organización internacional tuvo que ceder e introducir cinco pruebas de atletismo en 1928, aumentándose en Berlín en 1936. Unos JJOO inmortalizados de forma grandiosa y afín al ideal nazi por la actriz y directora Leni Riefenstahl.

El camino de la fuerza y la belleza (Wege zu Kraft und Schönheit, 1925) de Nicholas Kaufmann y Wilhelm Prager. Collage de fotogramas de mujeres al aire libre y desnudas cultivando sus cuerpos conforme a la Freiköperkultur alemana.
Después de este recorrido sobre el movimiento y, por consiguiente, el deporte, concebido más allá que una práctica física, sino como vehículo que se sumó a la emancipación femenina, la conquista social y de espacios, expondré multitud de documentos visuales que apoyen esa mirada en una segunda parte próximamente. El cinematógrafo y sus antecesores fueron testigos de esa transformación sociocultural para fijarlas en la memoria colectiva.
FOTO PORTADA. Deporte femenino cine mudo. Koenigsmark (1919) de Léonce Perret. Mujer de la aristocracia tenista, fumando. Antiguamente fumar no estaba contraindicado para la salud y el deporte. Se veía como un rasgo de distinción.
Estrella Millán Sanjuán
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